miércoles, 6 de septiembre de 2017

EL CARTUCHO EGIPCIO



     En jeroglífico se lee SHEN, fueron los soldados de Napoleón cuando invadieron el país del Nilo hace ya más de 200 años, los que llamaron cartuchos a estas representaciones que observaron en las paredes de las construcciones del Egipto faraónico, por el parecido que tenían con las petacas en donde guardaban la pólvora que utilizaban para sus armas de fuego. En realidad, es una cuerda ovalada que se cierra en su base con un nudo, y se empleaba para escribir en ella el nombre de los faraones, y en algunas ocasiones los de los Sumos Sacerdotes de Amón, que a veces detentaron más poder que el propio monarca. Luego, delimitaban y se adaptaban al nombre del faraón, el cual quedaba perfectamente aislado del resto del texto, en una escritura que carecía de signos ortográficos.
     Empezaron a usarse en la muy lejana segunda dinastía, pero no se hicieron habituales hasta la cuarta (estamos hablando del III milenio a. de C.). En el fondo, estos cartuchos simbolizan el cosmos que el faraón dirige, y en el que ejerce todo su poder. Una cuestión importante es poner de relieve que tuvieron un papel fundamental en el desciframiento de la lengua jeroglífica, ya que llamaron la atención de Champollion desde el principio.
     Por último, la duda que invade a los astrofísicos actuales de si el universo se expande o es finito, para los egipcios estaba claro: se expande dependiendo de la extensión del nombre del faraón.
NOTA: en el cartucho de la imagen vemos el Nombre de Nacimiento de Tutmosis III, el hijo de Ra.
       R.R.C.

martes, 5 de septiembre de 2017

EL PATO DE LOS JEROGLÍFICOS



       Para darnos una idea de lo complicada que es la escritura jeroglífica,  hubo que esperar al primer tercio del XIX, y que Dios creara a Champollion y dijera: “hágase la luz”, y hubo luz sobre estos misteriosos signos y dibujos, que  gracias a su tenacidad, esfuerzo, y sabiduría nos puso 3000 años de historia delante de nuestros incrédulos ojos.                                   
     El punto de partida para la comprensión de esta escritura lo expone Champollion en esta, podríamos decir, genial observación: “La escritura jeroglífica es un sistema complejo, una escritura que es a un tiempo figurativa, simbólica y fonética en un mismo texto, en una misma frase, casi diría en una misma palabra”. Para entender esta afirmación, lo mejor es seguir el ejemplo que pone Chistian  Jacq en su libro El enigma de la piedra. La representación de un pato   en la escritura jeroglífica se podría traducir simplemente por lo que vemos, es decir, pato. En este caso la escritura es figurativa. Ahora bien, cuando el ave está acompañada por el signo del sol, en un epíteto referido al faraón, la traducción ya no es pato, sino hijo del sol. En este caso el pato significa hijo, que no tiene nada que ver con el ave y por tanto, la escritura jeroglífica es en este caso simbólica. Nuestro pato puede actuar también como un sonido: sa. Por lo que ya no se puede traducir como pato, o hijo y puede servir para escribir palabras que contengan el sonido sa. En este caso la escritura egipcia es fonética.
     En consecuencia, al aparecer el pato de la imagen junto al disco solar que se identificaba con Ra, se leería: "El hijo de Ra”.        
      R.R.C.

martes, 29 de agosto de 2017

Mujer peinándose de Picasso



     Nos encontramos ante un lienzo de 130X97 cm. pintado al óleo en 1940 por Pablo Picasso, que representa a la que fue su musa y amante en la década de 1930 Dora Maar. A día de hoy, forma parte de una exposición temporal sobre el autor en el Museo Reina Sofía de Madrid, en donde la tuve oportunidad de contemplarlo recientemente. Su lugar de exposición definitiva es El MoMA de Nueva York.
    Lo primero que llamó mi atención fue el violento escorzo* con el que la representa, sin lugar a dudas para enfatizar aún más su estado de desesperación y angustia que desprende su rostro con esa mirada aterradora. Hay quien ve en ello la ansiedad que debió producirle la entrada de las tropas nazis en París, que acababa de pasar. Así que, a través de ella Picasso intentó representar tanto la maldad humana como lo horrores que provoca cualquier guerra. No obstante, motivos no le faltaban a esta pobre mujer por la tormentosa relación que había mantenido con el artista, hasta el punto, que estaba empezando a perder la cabeza y el sano juicio como consecuencia de ello.
     El cuadro es una venus, ya que representa a una mujer desnuda, eso sí, en estilo cubista sentada directamente en el suelo, mientras batalla para peinar sus rizados cabellos. Los colores que escoge el artista también contribuyen a transmitir la psicología de una mujer al borde del abismo, como es ese suelo de color púrpura que simboliza el luto más riguroso; no hay nada que celebrar. El color verde oscuro que emplea para las paredes de la habitación y la ausencia de cualquier otro elemento que distraiga la atención del espectador, también aportan la idea de un futuro desolador.
     Como anécdota añadiré un par de comentarios que pude escuchar a dos hombres de mediana edad que se encontraban a mi lado. Uno susurraba al otro, que la mujer del cuadro se parecía mucho a su suegra ¡ya salió la suegra! Es evidente que no le debió ver atractivo alguno. Mientras el otro respondía que lo que más le había llamado la atención eran sus enormes pies, y que no los hubiera utilizado para dar una patada en el culo al pintor, por haberla representado así. ¿Quién sabe?, pensé yo.
*Un escorzo es una representación en profundidad de un objeto con respecto al plano vertical de la obra, con el objetivo de conseguir profundidad o perspectiva, y se utiliza tanto en pintura como en escultura.
      R.R.C.

martes, 8 de agosto de 2017

ESTELA DE RAMSÉS II COMO NIÑO



     Es una placa votiva elaborada en piedra caliza en el siglo XIII a. de C. de Ramsés II como niño.  Este precioso bajorrelieve que se conserva en el Museo del Louvre de París, fue hallado por Pierre Montet en Tanis, en el delta del Nilo. Con cabeza, brazos y pies de perfil, y cuerpo de frente son las reglas que siguen tanto el relieve, como de la pintura egipcia. Sobre su cabeza rapada muestra la habitual trenza de los infantes de la familia real, además, porta una diadema con la típica cobra protectora o ureus que solo los faraones podían llevar. Aunque el rostro lo vemos de perfil,  el ojo se representa de frente para destacar la mirada del personaje, cuestión fundamental para los antiguos egipcios. También me gustaría destacar el simpático gesto de llevar el dedo a la boca, algo frecuente en los niños, y en clara referencia al dios Horus joven. Su torso y vientre permanecen desnudos, mientras el resto del cuerpo hasta sus pies lo cubre con una túnica de lino profusamente plegada.
     Los signos jeroglíficos dicen lo siguiente: “El Rey del Alto y Bajo Egipto, Señor de las dos Tierras (La poderosa justicia de Ra, elegido de Ra -Ramsés II-) que se le de vida como a Ra, eternamente y para siempre”. Hay que reconocer que los jeroglíficos dieron resultado, pues gobernó 67 años y vivió casi 90, que para aquellos tiempos era una eternidad. Por algo eran las palabras de los dioses.
         R.R.C.