martes, 1 de septiembre de 2015

El collar de María Antonieta

Reconstrucción del collar
     Conocido como Collar de la Reina, se le relaciona con María Antonieta, archiduquesa austríaca y caprichosa esposa del Rey de Francia Luís XVI, descendiente de Luís XIV, motivo por el cual, alcanzó tan alto honor. Ambos fueron víctimas de un gran engaño del que ni siquiera fueron conscientes, que aceleró su caída en desgracia de manera irremediable, como el mismo Gabriel Mirabeau, revolucionario, escritor y Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente llegó a admitir, al considerar este desagradable asunto, como el paso preliminar de la Revolución francesa. Aunque no hay que olvidar que el camino hacia la insurrección del pueblo de París ya estaba despejado, y este episodio sólo hizo acelerar el proceso.


 
Diseño del collar del enredo
      La historia se remonta al reinado anterior de su padre Luís XV, que tenía una amante (algo habitual, por lo que se ve, en los gobernantes de Francia) llamada Madame Du Barry, de una gran codicia y ambición sin límites. Dos joyeros que trabajaban para la Corona, pensaron que si elaboraban un enorme collar compuesto de grandes diamantes, hasta un  total de seiscientos cuarenta y siete, algo nunca visto hasta el momento (por las reproducciones que he podido ver de él en la red, me parece horroroso. Tanto diamante me recuerda una lámpara de cristal de roca), el Rey se quedaría sorprendido y se lo regalaría a su avariciosa querida. Pero la mala suerte se cruzó en el camino de estos joyeros. La muerte inesperada del Rey frustró su proyecto. Como vulgarmente se dice, se quedaron compuestos y sin novia, es decir, con un costosísimo collar que los había dejado empeñados hasta las cejas y sin comprador alguno.
Madame Du Barr
     La nueva ocasión, y que no podían desperdiciar, se les presentó con su sucesor en el Trono Luís XVI y su frívola, voluble y superficial esposa María Antonieta. Él estaba dispuesto a regalárselo. Lo sorprendente fue que ella no mostró un gran interés por la joya y la rechazó, pues no estaba en condiciones de pagar un precio tan alto. Ante este nuevo revés, la situación de los dos joyeros los situó al borde de la desesperación más absoluta, e incluso del suicidio. No obstante, continuaron con la búsqueda de un comprador, hasta que en 1875, por fin, recibieron un comunicado de una misteriosa dama que se llamaba Jeanne de La Motte, la cual, afirmaba que un personaje importante estaba animado para adquirir el estrafalario collar, tan solo tenían que esperar noticias suyas. En este momento empieza el monumental engaño, pues la tal Señora, no era más que una joven y bella ladrona, sin principios morales y muy ambiciosa, que trataba de quedarse con la preciada pieza, apoyada por gentucilla y ladronzuelos de poca monta.
María Antonieta
     El personaje poderoso al que se refería Madame de La Motte era, nada menos, que el cardenal de origen principesco Louis René Éduard de Rohan obispo de Estrasburgo y con un gran poder económico, al que había seducido con su belleza y para sacarlo de dudas, compartido su cama, haciéndose pasar por amiga de la reina. A la vez que aseguró, al incauto cardenal, que intercedería por él ante María Antonieta, para recuperar su amistad que tanto deseaba y lograr así, que lo propusiera para ser Primer ministro de Francia. Para conseguir su objetivo, ideó el siguiente plan, que parece sacado del mundo de la ficción: contrató los servicios de una prostituta que encontró en los barrios bajos de París y que poseía un gran parecido con la reina, para que se hiciese pasar por ella. Tuvo que acompañar a La Motte y su marido a un parque de Versalles próximo a palacio, y aguardar allí, con la cara tapada y convenientemente vestida, hasta que llegara el cardenal de Rohan. Mientras tanto, Madame de La Motte le confirmó que María Antonieta, a propuesta suya, había aceptado una cita breve y discreta con él. Después de este fugaz  encuentro con la impostora y tras una enigmática frase, en la que dio a entender que aceptaría el collar a cambio de su amistad, desapareció en la oscuridad de la noche. La trampa surtió su efecto.
Jeanne de La Motte
     Lógicamente, La Motte se ofreció como mediadora para la compra del collar y Rohan cayó en sus redes. El cardenal negoció con los joyeros, dicho sea de paso, consiguiendo un buen trato, ya que logró un buen precio y pagar el primer plazo medio año después. Inmediatamente confió la joya a La Motte para que se la entregase a la reina de su parte. Como era de esperar, hasta aquí llegó el collar. 
Cardenal de Rohan
     Madame La Motte, junto con su marido, desmontaron rápidamente este tesoro y se repartieron las valiosas piedras. Él se marchó a Londres con su parte del botín, pero ella cometió el error de permanecer en París y hacer ostentación de lo robado, efectuando compras desorbitadas e incluso utilizar parte de los diamantes para que le montasen sus propias alhajas para lucirlas. Pero este enredo no podía durar mucho tiempo sin que se descubriese, pues el cardenal veía que María Antonieta no le hacía ni caso, y por otro lado, los joyeros estaban deseosos de recibir el pago prometido. Cuando uno de los vendedores fue a visitar a la reina para ver qué pasaba, la operación urdida por el matrimonio de La Motte se vino abajo.
     
     Se celebró un juicio público, que la falsa Madame utilizó para verter un torrente de mentiras y acusaciones sobre, en este asunto al menos, inocente reina, presentándose como una víctima de ella, aprovechando la mala reputación que tenía entre los parisinos de: frívola, caprichosa, ramera, engreída y un largo etcétera. La gente desengañada del régimen la creyó. El cardenal quedó exonerado de cualquier responsabilidad, pero Jeanne de La Motte no tuvo tanta suerte. La sentenciaron a ser duramente flagelada y marcada con un hierro incandescente, como si de ganado vacuno se tratara, con la letra V (voleuse en francés) de ladrona. Además, estaría de por vida en una cárcel para mujeres. No sé si para mejor, o para peor, al poco tiempo alguien la ayudó a escapar a Londres en donde se encontraba su marido, que no quiso saber nada de ella. Unos años más tarde, en 1791 murió al caer, o la tiraron, aún no está claro, desde un edificio de la capital británica y así acabó sus días.
    
     El propio Alejandro Dumas escribió una novela titulada  El affaire del collar de la reina. El escritor vienés Stefan Zweig calificó este hecho como “una de las farsas más destacadas de la historia”. El cine también ha llevado a la gran pantalla este enredo, con una buena puesta en escena y una brillante interpretación de sus protagonistas, que consigue retrotraernos a ese caldeado período previo a la Revolución francesa.
     
     El Collar de la Reina que nunca fue de la reina y, sin embargo, lo pagó como si de un desmesurado capricho suyo se tratara. Su desprestigio era tal, que nadie la creyó. Cuando los gobernantes viven al margen del pueblo y se comportan como si los problemas que padece no fueran con ellos, pierden toda la credibilidad. Y si además, se aprovechan del poder que le ha sido otorgado para enriquecerse, creerán a cualquiera, por indigno que sea, antes que a sus propias autoridades. La Revolución francesa se hubiera dado de todos modos, pero ¡qué duda cabe! que este asunto, del que no se suele hablar cuando se exponen las causas del acontecimiento que inicia la época contemporánea, trazó su comienzo, encendiendo la mecha de un polvorín a punto de estallar. 
        R.R.C.