martes, 8 de diciembre de 2015

La bandera de la Unión Europea y la Inmaculada Concepción

   
     Hace ahora 65 años que el Consejo de Europa sacó una convocatoria para exhibir ideas de cómo debería ser una bandera que representara a esta institución. Se pusieron encima de la mesa unas cien propuestas para que el órgano pertinente pudiese escoger la que considerase más oportuna. Uno de los bocetos presentados por el ya fallecido artista francés Arsène Heitz resultó ganador por unanimidad: consistía en doce estrellas doradas de cinco puntas equidistantes y colocadas en círculo sobre un fondo azul rectangular. Posteriormente, hubo que esperar hasta 1983, fue adoptada por el Parlamento Europeo, y solo dos años después hizo lo propio la Comunidad Europea, por acuerdo de los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros, hasta que en 1992 se convirtiera en la bandera de la Unión Europea actual que todos conocemos.

La Inmaculada Concepción de Rue du Bac de París
     Según confirmó Arsène Heitz, creador de la insignia: “inspirado por Dios, tuve la idea de hacer una bandera azul sobre la que destacaban las doce estrellas de la Inmaculada Concepción de Rue du Bac de París; de modo que la bandera europea es la bandera de la madre de Jesús que apareció en el cielo coronada de doce estrellas”. Así aparece narrado en el capítulo 12 del Apocalipsis. Y así aparece representada en las vidrieras de la Catedral de Estrasburgo, el edificio en donde primero ondeó esta bandera. No solo eso, las agendas del jurado que tuvo que tomar la decisión de adoptar este emblema para representar a la naciente unidad europea, se “confabularon” para que fuese el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, cuando emitieron su veredicto. Luego las estrellas de la bandera comunitaria no representan estados como algunos creen todavía, posiblemente influidos por las estrellas de la bandera estadounidense que sí lo hacen.
Inmaculada de las vidrieras de la Catedral de Estrasburgo
     El autor de la bandera confesaba ser un hombre de hondas raíces religiosas, que además de escuchar a Dios en su interior, era devoto de la Virgen, a la que todos los días rezaba el Rosario en compañía de su esposa. Por otra parte, los que tradicionalmente se han considerado los “padres” fundadores de la Europa unida reciente: Konrad Adenauer, Jacques Delors, Alcide De Gasperi y Robert Schuman eran profundamente religiosos y devotos de la religión católica. Así que, cuando la Primera Ministra británica Margaret Thatcher de confesión protestante, afirmó en más de una ocasión que la Unión Europea era una conspiración católica, no le faltaba razón.
   
       Los aires que soplan con más fuerza en la Unión Europea actual son los del laicismo, y casi nadie ve ya en su bandera la simbología original, prefieren dotarla de otros significados que se consideran más “modernos”, antes que advertir en ella la aureola de la Virgen María sobre el cielo azul, como vieron su diseñador y sus fundadores.

NOTA: si observamos la parte superior de la vidriera de Estrasburgo, comprobaremos las doce estrellas doradas sobre un fondo azul, igual que en la bandera de la Unión Europea.

P.D. Es una entrada que simplemente se titulaba “La bandera de la Unión Europea” y que estaba en el blog con anterioridad, pero me ha parecido oportuno traerla a esta fecha 8 de diciembre, día en el que se celebra la festividad de la Inmaculada. 
      R.R.C.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El sello de Ezequías

    
      El rey bíblico Ezequías ocupa el puesto decimotercero de monarcas del antiguo reino de Judá. Tenemos que recordar, que a la muerte del rey Salomón, Israel quedó dividido en dos estados: Israel al norte y Judá al sur. La duración de su reinado no está clara, ya que la cronología que se baraja oscila entre los treinta y cuarenta años, en los siglos VIII y VII antes de J.C. Lo que es evidente, ya que tenemos información de fuentes judías y asirias, es que tuvo que hacer frente al poderoso rey guerrero asirio Senaquerib, consiguiendo salvar la capital de su reino Jerusalén del potente ejército enemigo. Eso sí, pagando un fuerte tributo y sometiéndose al cerco de la ciudad. La caída de Jerusalén tuvo que esperar al año 587 a. de J.C. cuando reinaba el rey Joaquín, hecho prisionero por el monarca de los babilonios Nabucodonosor, que destruyó la ciudad y se llevó a miles de nobles judíos cautivos a Babilonia.
     No solo en el II Libro de Reyes del Antiguo Testamento aparece este rey, pues también se le menciona como uno de los antecesores de Jesús, en el cap. 1 del Evangelio de San Mateo. Sucesor del rey Acaz (su progenitor), es considerado por el Antiguo Testamento como el mejor rey de Judá, tanto si lo comparamos con los anteriores a él, como con los posteriores; por la confianza que había demostrado en el Dios de Israel y por cumplir sus Mandamientos. Su hijo Manasés fue su sucesor en el trono.
Lugar del descubrimineto del sello de Ezequías
     Un equipo arqueológico israelí dirigido por Eilat Mazar, descubrió en el 2009 en unas excavaciones cercanas al Monte del Templo, en la ciudad vieja de Jerusalén, una pequeña pieza de arcilla que fue catalogada y depositada en un armario, al no poder averiguar su contenido. Cinco años después, un miembro del equipo volvió a analizarla, viendo con claridad el significado de esta bulla (sello). La inscripción ovalada fue impresa en un pedazo de arcilla de 3 milímetros de grosor y mide 13 x 12 milímetros de anchura. Lleva la inscripción en lengua hebrea: «Pertenece a Ezequías [hijo de] Acaz, rey de Judá» y un sol en el centro con dos alas, flanqueado por dos signos jeroglíficos que se denominan ANJ, la famosa cruz de asas egipcia que simboliza la vida. El signo situado a la derecha lo podemos ver perfectamente, mientras que el otro, a malas penas lo podemos intuir. Mazar declaró que “los iconos egipcios habían sido esparcidos por toda la región antes del segundo milenio a. de J.C. y ya habían perdido el significado original”. Y que los reyes de la región de Judea utilizaban el disco solar para referirse al Todopoderoso, y las alas declinadas del mismo, en señal de reverencia, pueden connotar la expresión de Ezequías “mi poder es gracias a la protección de Dios”.
     Es la primera vez que una impresión de sello de un rey de Israel o de Judá sale a la luz, de ahí su importancia. La bulla se empleó para sellar un rollo de papiro y la impresión de las fibras que se conservó en su parte posterior sugiere que el sello lacró un documento firmado por el rey. La parte de atrás de la pieza de barro tenía marcas de cuerdas finas que se utilizaban para anudar un escrito de papiro. "Por lo tanto, es bastante razonable asumir que estamos hablando de una impresión hecha por el rey mismo, haciendo uso de su propio anillo", añadió Eliat Mazar, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
     Por último, el hecho de que apareciese la cruz de asas y el disco solar egipcio en la bulla de un rey de Judá, convierte a este pequeño sello oficial en un artefacto bilingüe, ya que se utiliza una lengua extranjera junto con el hebreo. Las relaciones de este pequeño reino con el país de los faraones pudieron ser más intensas de lo que se ha creído hasta ahora. Concluyo, poco a poco, sin arrebatos, pero sin pausa, la arqueología bíblica va ofreciendo luz a lo que nos transmiten los textos religiosos que conocemos. 
      R.R.C.

sábado, 5 de diciembre de 2015

El belén

     En vista de la polémica que está generando en algunos lugares de España la colocación del típico belén navideño por parte de ciertas autoridades, que ponen como pretexto que lo hacen para no molestar a gente de otras culturas, cuando en el fondo lo que  quieren es acabar con la nuestra, con el cristianismo y con nuestras tradiciones. Con estas actitudes, son estos políticos mediocres que no pasarán a la Historia por sus logros, los que crean racismo y xenofobia en la población española, ya que los que vienen de fuera no se oponen en su gran mayoría, como no podía ser de otra manera, a que se pongan belenes y se celebre la Navidad. Y todos aquellos que proponen celebrar una Navidad pluricultural en España, será porque en otros lugares tienen, conservan y protegen sus culturas propias, ya que si todos hicieran lo mismo que aquí, desaparecerían las distintas culturas y tradiciones, y no habría nada que conmemorar. A continuación, reproduzco en esta página de inicio una entrada publicada en el blog anteriormente.
     
      El belén realizado a finales del siglo XVIII por el maestro imaginero Francisco Salzillo y sus discípulos, sería un asunto adecuado para este mes de diciembre que iniciamos. Fue realizado para el noble murciano Jesualdo Riquelme y Fontes. Pasó a ser propiedad de la Marquesa de Salinas y después del Marqués de Corvera, hasta que, finalmente, fue adquirido por el Estado español en 1915 por una cantidad de veintisiete mil pesetas de la época, encontrándose en la actualidad en el Museo que conserva las obras del escultor en la capital de la Región de Murcia. Podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que es el belén más importante y más admirado de España.  
     El padre de Salzillo era napolitano y aunque él nació en Murcia, su progenitor le transmitió el gusto por los belenes que se llevaba en su ciudad de origen, lo cual, convirtió a la capital del Segura en el enclave belenístico español más importante,  introduciéndose estas figurillas en los hogares particulares de los habitantes de esta Región.  El tamaño de las imágenes es de unos treinta centímetros y los materiales que emplea son: la arcilla, principalmente, pero también la madera, cartón, lienzos y telas encoladas. Todas ricamente policromadas con vivos colores: azules, verdes, rojos, combinados con el dorado del oro, lo que les proporciona una gran vistosidad, preciosismo y lujo, dentro de la tradición del estilo rococó que ya estaba finalizando.
     Como ya señalé al principio, Salzillo no realizó todo el belén, pues murió antes de su terminación, pero dejó unas directrices claras que respetaron los que culminaron su obra, por lo que el conjunto de figuras presenta una gran unidad estilística. De todas ellas, hay quién destaca las imágenes de los ángeles por su elegancia e ingravidez. Está compuesto por 556 personajes y 376 animales (en la actualidad no se conservan todos) y varias maquetas de edificios. Se basó en los Evangelios de San Mateo y San Lucas, que nos informan de la infancia del Señor y así diseñó las distintas escenas que integran el belén: la Anunciación, la aparición del ángel a los pastores, el Nacimiento, los Reyes Magos, la huida a Egipto, etc. Además, nos encontramos con otras escenas de carácter popular, fiel reflejo de las tradiciones de la época, así como animales y aves migratorias habituales de esta zona de España. Podemos observar una gran variedad de tipos humanos contemporáneos al autor, representados todos ellos con un gran naturalismo y con los ropajes específicos que lucían en ese tiempo. Todo esto nos da una muestra del modo de vida popular de Murcia y sus alrededores a finales del siglo XVIII.
     Como fondos de las distintas escenas que componen esta maravillosa obra, nos encontramos con el palacio del rey Herodes, que refleja nítidamente palacetes de la época. La casa de Isabel, prima de la Virgen, que es una casa típica de la huerta murciana, mientras que la de María es como las viviendas de Murcia de aquellos tiempos. Se escogió un viejo pórtico en ruinas para situar la escena del Nacimiento. Por último, el carpintero encargado de elaborar el templo de Jerusalén, de apellido Carrión, se inspiró, nada menos, que en El Templete de San Pietro in Montorio que el arquitecto del Papa, Bramante, levantó en Roma a principios del XVI, en el lugar donde según la tradición fue martirizado San Pedro.
     Todas las obras de este autor son religiosas. Él era una persona de profundas convicciones espirituales, que trasladó a toda su producción artística, incluido este famoso y monumental belén. Actualmente, Murcia es el principal enclave de producción de belenes artesanos de toda España. La calidad artística de sus figuras salta a la vista. Sólo hay que verlas para comprobarlo.
      R.R.C.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El árbol de Navidad

     

     De todos es sabido que el cristianismo ha utilizado muchas tradiciones, fiestas, celebraciones, u otras costumbres paganas romanas, o de otras civilizaciones, y las ha hecho suyas dotándolas de un nuevo simbolismo acorde con la nueva doctrina. Nada que objetar al hecho de que las distintas culturas se interrelacionan y enriquecen con ello, y la religión cristiana no pudo abstraerse a esta, digamos, “ley universal”. Hay quien aprovecha esta realidad para restar originalidad y credibilidad a la nueva religión, que irá ganando terreno al paganismo del Imperio a partir del siglo III. Bien, el árbol de Navidad encuentra sus raíces en el norte de Europa precristiana a principios de la Edad Media. Pero cuando a este territorio llega la buena nueva religiosa allá por el siglo VII, al árbol navideño se le dota de una nueva simbología por los evangelizadores de estos lugares, conforme a las recientes creencias.
 
     Para empezar, recordar que en la descripción del  Paraíso terrenal que nos transmite el Génesis, nos habla de la existencia de dos árboles fundamentales en la relación del hombre con Dios: el árbol de la ciencia del bien y de mal, del que le estaba prohibido comer sus frutos al ser humano porque le ocasionaría la muerte y, al lado de éste, el menos conocido árbol de la vida, que le daría la inmortalidad. Como todos sabemos, el hombre eligió mal y comió el fruto del árbol vedado. Es precisamente al proscrito el que representa el árbol de Navidad, con sus adornos y esferas que recuerdan las manzanas (alegorías de la tentación en la que cayeron Adán y Eva), que se colocaban al principio de esta tradición navideña. Ahora bien, no está todo perdido, ya que las velas con las que se adornaba el árbol y que hoy en día han sido sustituidas por bombillas, simbolizan la luz redentora y salvífica de Cristo, que vino a iluminar al Mundo como nos recuerda el evangelio de San Juan. La estrella de Belén que colocamos en su parte superior es la misma que guio a los Reyes Magos en su búsqueda del Mesías, igual que nos debe de guiar a nosotros ahora. Además, los lazos que la gente suele colocar en sus abetos o pinos navideños simbolizan la unión de la familia cristiana, especialmente, en estas fechas que conmemoran el nacimiento de Cristo. Profundizando un poco más en el simbolismo de esta tradición, se podría añadir que la forma triangular que presentan estas plantas coníferas simbolizaría el misterio de la Santísima Trinidad; y el verdor duradero de sus hojas perennes nos conduciría a relacionar este hecho con la vida eterna.
    
       Por último, papas como Juan Pablo II, o el mismo Benedicto XVI, hicieron durante sus pontificados declaraciones elogiosas sobre la utilización del árbol de Navidad por parte de los cristianos de todo el Mundo, a pesar de las reticencias que muchos religiosos muestran a este adorno por considerarlo pagano, o poco católico. Solo hay que ver el enorme árbol que coloca el Vaticano todos los años en la plaza de San Pedro por esas fechas.

      R.R.C.

martes, 1 de diciembre de 2015

El Buen Pastor de Murillo

    
      Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo de 123X101 cm., expuesta en las galerías del Museo del Prado de Madrid, y realizada hacia 1660 por el pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo. Los niños son protagonistas distinguidos en las obras de este artista del Barroco español en sus escenas costumbristas, como podemos comprobar en otra creación suya “Dos niños comiendo melón y uvas” ejecutada pocos años antes que la que nos ocupa.
     
     La tela que vemos se basa en el Evangelio de San Juan, cuando compara a Jesucristo con el buen pastor que cuida de sus ovejas, un tema ya recurrente desde el arte Paleocristiano, como podemos observar en las catacumbas de Roma. Por otra parte, el crítico de arte Pedro de Madrazo, pensaba que se hace referencia a otro pasaje del Evangelio de San Mateo, en donde afirma: que si uno tiene cien ovejas y se le pierde una, deja a las otras noventa y nueve y va a buscar a la descarriada. Esta que vemos acariciada por Jesús es la despistada.
     
     La composición piramidal que presenta el cuadro es típicamente renacentista, sin embargo, el cayado y la pierna del niño ponen el contrapunto diagonal, típico de la época barroca. El cielo tumultuoso del fondo nos retrotrae a los pintores de la Escuela veneciana del siglo anterior. El niño Jesús, con halo luminoso que apenas sobrepasa su rizado cabello; con rostro afable que denota una cierta melancolía, dirige su mirada al espectador, como si quisiera atraparlo para su amado “rebaño”, al que vemos pastando plácidamente entre la neblina; mientras en la parte izquierda, ruinas clásicas ocupan el fondo de esta reconfortante escena llena de amor, dulzura y sentimiento.

P.D. Una obra que no ofende, que no provoca, que no ridiculiza, que no molesta a nadie, que no desagrada. Independientemente de que te pueda gustar más o menos, los artistas de verdad no tienen que apelar al escándalo o a la provocación para llegar a la gente. No tienen que recurrir a hostias consagradas para escribir pederastia en el suelo. Eso no es arte, es un insulto gratuito. Siempre a los cristianos, por supuesto.
     R.R.C.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Bodegón de Zurbarán

    
      Nos encontramos con una naturaleza muerta pintada al óleo sobre un lienzo de 46x84 cm. expuesto en una de las galerías del Museo del Prado de Madrid, brillantemente realizado por el pintor extremeño Francisco de Zurbarán hacia el año 1650 en plena época barroca. Sobre una gruesa repisa de madera coloca de manera magistral cuatro cacharros vulgares representados a tamaño natural: dos de porcelana, uno de arcilla y otro de plata dorada, a lo que habría que añadir los dos platos de metal que contienen las dos piezas que aparecen en las esquinas. Todo ello sobre un fondo oscuro que colabora a que destaquen aún más los objetos que nos muestra en este maravilloso primer y único plano. Esta obra, no guarda secreto ni simbolismo alguno; es, simplemente, pura recreación artística y técnica pictórica.
     
     Zurbarán se enfrentó a este cuadro pintando los tiestos uno a uno, es decir, sin tener en cuenta al conjunto, pintaba un objeto, lo retiraba, y después continuaba con el siguiente. Lo podemos comprobar en la sombra que produce cada elemento que no se propaga en el de al lado, como ocurriría si todos ocuparan el estante a la vez. El foco de luz que ilumina este conjunto procede del lado izquierdo, la cual, es utilizada por el artista para individualizar cada uno de los recipientes y destacar las diferentes texturas que presentan. Además, si nos fijamos en las asas de los objetos, cada uno aparece dispuesto de una manera, produciendo la sensación de que los podemos coger para llevarlos a otro lugar.
     
     En este período, había una auténtica pugna entre escultores y pintores para solventar qué faceta artística estaba por encima de la otra: si la escultura se debía de valorar más que la pintura, o viceversa. Aquí tenemos un buen ejemplo, de cómo la pintura con estos objetos tridimensionales adquiere valores propios de la escultura. Los valores táctiles que decía Berenson, para referirse a la materialidad o corporeidad sobre una superficie plana; a los efectos plásticos, valores escultóricos en fin, que consiguen en el Quattrocento italiano autores como Giotto o Masaccio, por ejemplo. Sin duda, una magnífica obra para el deleite de nuestros sentidos.

       R.R.C.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Los nombres del faraón

     Los faraones egipcios tenían varios nombres que definían su naturaleza y posición como los legítimos sucesores de los dioses, en el gobierno de la tierra del Nilo. Bien, a este conjunto de nombres se le conoce como titulatura. Estas denominaciones reales fueron aumentando desde el Imperio Antiguo hasta el Medio, que se completa con cinco nombres, los cuales, nunca aparecen juntos. Cada uno de ellos se encontraba precedido por un emblema que identificaba y titulaba el nombre en cuestión. Sin más preámbulos, son como sigue:
     1º.- NOMBRE DE HORUS. Hace referencia al rey como la encarnación de Horus, el dios halcón, habitualmente inscrito en un recuadro que simboliza la fachada y la planta de un palacio representada de forma muy esquemática. El halcón puede portar sobre su cabeza la doble corona representativa del Alto y Bajo Egipto.
     2º.- NOMBRE DE NEBTY. También conocido como: “las dos damas” o “las dos señoras”, las protectoras del Alto y Bajo Egipto representadas por un buitre y una cobra. Ambas divinidades preservaban a los dos reinos y, por supuesto, al faraón, que blandía con orgullo en su corona.
     3º.- NOMBRE DE HOR- NUB. También conocido como: “Horus de oro”. El nombre del faraón se encuentra precedido por el dios Horus sobre el jeroglífico que hace referencia al preciado metal. Probablemente, se trata de recordar la victoria que obtiene este dios sobre otro del sur de Egipto: Seth de Ombos (la ciudad del oro).
     4º.- NOMBRE DE NESUT-BITY. Lo podríamos traducir como: “Rey del Alto y Bajo Egipto”. Este es el título que recibían los faraones cuando accedían “al trono de las dos tierras”. Una caña representaba el sur y una abeja el norte de Egipto. “El que pertenece a la caña” y “el de la abeja” aparece  inscrito en un cartucho; así llamaron los soldados de Napoleón desplazados a esta zona, a este rectángulo ovalado que encerraba y delimitaba el nombre del monarca.
     5º.- NOMBRE DE SA-RA. Significa el “hijo de Ra”, digamos que es su nombre de cuna, y también aparece escrito en un cartucho (shen). Es obvio que relaciona directamente al monarca con la divinidad solar Ra.
     En la imagen que encabeza este texto podemos ver los cinco títulos que ostentaba el monarca guerrero Tutmosis III (su nombre griego), sexto faraón de la XVIII dinastía en el siglo XV antes de J.C.

      R.R.C.

martes, 17 de noviembre de 2015

Templo egipcio de Debod en Madrid

     No hace falta ir a Egipto para visitar un auténtico templo egipcio, ni siquiera salir de España, ya que en el mismo centro de Madrid podemos encontrar un precioso edificio  del año 200 antes de JC, erigido por el faraón Ptolomeo IV Filópator, dedicado al dios Amón en Debod a orillas del rio Nilo próximo a la primera catarata, muy cerca del trópico de Cáncer, que hubiera quedado bajo las aguas de la presa de Asuán de no haber sido rescatado. Fue donado a España por su colaboración en el rescate de templos que iban a quedar sumergidos como consecuencia de la construcción de la gran prensa, entre los que destaca el de Abu Simbel. Desde la explanada del templo de Debod, la construcción más antigua de Madrid, se tienen unas excelentes vistas sobre la Casa de Campo, la catedral de la Almudena y el Palacio Real.
     El núcleo arquitectónico del santuario es la parte más antigua conservada del templo y se encuentra en buen estado. Esta capilla está consagrada, desde su inicio, al dios Amón de Debod. Pilonos o portales de acceso a través de la vía procesional, preceden al templo y, una vez atravesados, estamos ante la fachada principal. Constituida por cuatro muros intercolumnios hasta media fachada, con cuatro columnas de fuste monolítico, dos capiteles papiriformes acabados y otros dos inacabados. Una vez atravesada la puerta de entrada, nos encontramos con un vestíbulo sostenido por columnas, como vimos anteriormente, que da acceso directo a una capilla y, siguiendo la simetría típica de estos santuarios, también se accede a una sala, así como a un corredor y a la escalera de subida a la planta superior, donde se encuentran la capilla Osiriaca y la Terraza. A ambos lados de los pilonos y precediendo a la capilla, se encuentra un estanque que vendría a recordarnos el río Nilo, lugar de su emplazamiento original. Finalmente, y tras dos intensos años de trabajo y esfuerzo en la reconstrucción del monumento, el día 18 de julio de 1972 fue inaugurado el Templo de Debod por el entonces alcalde de Madrid Arias Navarro.
     Afortunadamente, un artista de estilo romántico británico del siglo XIX, David Roberts, visitó Egipto y pintó numerosas construcciones de época faraónica, entre las que se encuentra este maravilloso templo en su estado original, tal y como lo vio él hace más de 170 años, reproducido sobre estas líneas.
     R.R.C.
Nota: fotos del autor

domingo, 1 de noviembre de 2015

La primera bajada de impuestos que se conoce


     Veinticuatro siglos antes de que naciera Jesucristo, en la ciudad-estado de Lagash, en la antigua región de Mesopotamia, alcanzó el trono real y gobernó durante unos diez años Urukagina. Previamente tuvo que desalojar del poder al anterior rey Lugalanda, que ayudado por su esposa y un gran número de sacerdotes, cometieron toda clase de tropelías y abusos contra el pueblo indefenso, cargándolo de impuestos difíciles de asumir. En esta situación de enormes dificultades y atropellos de los más poderosos contra los más débiles, hace su aparición el nuevo rey, que trató de dar la vuelta a la situación con todos sus medios, para lo cual, elaboró un código legal, prácticamente el más antiguo que se conoce. Lamentablemente, no nos ha llegado su texto, pero se sabe de él gracias a las referencias y citas encontradas en otros documentos cuneiformes (la escritura de la época). En esencia, este código suponía una reforma social en la práctica, en el que se trataba de dotar a la sociedad de un mayor nivel de libertad y sobre todo de igualdad. En definitiva, de favorecer a los más débiles y de protegerlos de la prepotencia de los poderosos.
     
     Samuel Noah Kramer fue una de las principales autoridades en historia de Sumeria. La fama le llegó gracias a su labor de recopilación de historias sencillas, tal y como aparecían en las tablillas cuneiformes, publicadas en su obra de divulgación  La historia empieza en Sumer. Libro muy ameno, claro y entretenido, en el que narra historias de diferentes hechos de los que por primera vez se tiene noticia. Entre estas historias destaca la que lleva por título el mismo que aparece acompañando estas líneas y, como protagonista, el compasivo gobernante.
     
     Siguiendo la mencionada obra de Kramer, a Urukagina pertenece el honor de haber restablecido la justicia y de haber devuelto la libertad a los ciudadanos oprimidos. Bajó todos los impuestos y eliminó los más sangrantes. Destituyó a inspectores y recaudadores de impuestos que ya no hacían falta. Además, puso fin a la explotación y a los malos tratos de que eran objeto los pobres por parte de los ricos, como podemos ver en el siguiente ejemplo: «La casa de un hombre humilde era vecina de la casa de un hombre "importante", y el hombre "importante" le decía: "Quiero comprártela." Si al hombre "importante", que estaba a punto de comprar la casa, el hombre humilde le decía: "Págame el precio que yo considero razonable", y si el hombre "importante" no se la compraba, este hombre "importante" no debía vengarse del hombre humilde.». Limpió, igualmente, toda la ciudad de usureros, de ladrones y de toda clase de criminales. Tampoco permitió que las viudas ni los huérfanos fuesen víctimas fáciles de los «hombres poderosos».
    
       Por desgracia para la ciudad de Lagash, este buen rey sólo estuvo en el poder diez años, hasta que Lugalzagesi, rey de Umma, la tomó por la fuerza y unificó por primera vez toda la región de Sumer. Acabando de esta manera con la etapa de reformas  populares, de las que no sabemos nada sobre la eficacia y utilidad de las mismas. De la gran derrota que le infligió la ciudad rival del norte, Lagash ya no se repondrá jamás. A otros reformadores posteriores también les ocurrió lo mismo, y fueron borrados de la historia  por otros gobernantes con menos escrúpulos, con el único pensamiento de servirse a ellos mismos y a su horda, olvidándose de todos los demás. Sin embargo, las reformas de Urukagina y sus consecuencias sociales, no dejaron de causar una profunda impresión en los antiguos «historiadores».

      R.R.C.

domingo, 25 de octubre de 2015

LOS VASOS CANOPOS

     Elaborados para conservar las vísceras lavadas y momificadas del fallecido en el Antiguo Egipto, estaban colocados en una caja que se transportaba junto con el sarcófago para ser depositados en su tumba el día del entierro. Los primeros de estos recipientes se encuentran ya en el Imperio Antiguo hacia la mitad del tercer milenio antes de J. C. Eran muy sencillos y sin inscripciones; hechos en piedra caliza. Más adelante, ya empiezan a emplearse otros materiales para su fabricación como cerámica o madera, por ejemplo. Además, sus tapas empezaron a relacionarse con los hijos del dios Horus, y tuvieron un gran desarrollo a partir del Imperio Nuevo. Posteriormente cayeron en desuso, para volver a resurgir con fuerza durante la Época Baja a partir del siglo VII antes de J.C.
     Eran cuatro los recipientes en donde se depositaban las vísceras del difunto momificado:
     1º.- El hígado quedaba depositado en una vasija llamada Amset, y la tapa tenía forma de cabeza humana. La diosa Isis se encargaba de su protección y se debía de orientar al sur.
     2º.- Los pulmones quedaban depositados en una vasija denominada Hapy, y la tapa tenía forma de cabeza de simio. La diosa Neftis se encargaba de su seguridad y se tenía que orientar al norte.
     3º.- Los intestinos se guardaban en una vasija designada Kebeshenuef, y su tapa consistía en una cabeza de halcón. La diosa Selkis se encargaba de protegerla y tenía que estar orientada al oeste.
     4º.- El estómago estaba contenido en una vasija cuya tapa representaba la cabeza de un chacal, y se nombra Duamutef. La diosa Neit se encargaba de ampararla y debía estar orientada al punto cardinal que nos falta, o sea, hacia el este.
     No siempre las tapas de los vasos canopos adoptaban estas formas descritas. Sirva de ejemplo, los recipientes que contenían las vísceras de Tutankamón, que representan repetidamente el rostro del famoso faraón. Estaban en el interior de una caja de alabastro de casi 90 cm. de altura, colocada sobre un trineo chapado en oro y decorada con escritura jeroglífica negra. Los cuatro vasos y sus tapas en la que aparece con la cara pintada también de negro, son de un exquisito alabastro que contribuye a aumentar la calidad artística de todo el conjunto.
     En un arcón de madera lujosamente decorado con planchas de oro, fue guardada la caja que contenía los vasos. En los lados de esta especie de templete cuadrado aparecen las cuatro diosas ya mencionadas, con el objeto de reforzar la protección de las vísceras del joven faraón. Un trineo de madera dorado sirve de base a este vistoso templete.
Nota: imágenes obtenidas de Internet.
    R.R.C.

sábado, 17 de octubre de 2015

La máscara de Psusennes I

     
     Cuando uno presencia en las vitrinas del Museo de El Cairo la máscara funeraria de Psusennes, no puede evitar la comparación con la de Tuntakamón. Es innegable el parecido de ambas; la del primero es magnífica, pero la del segundo es insuperable. Más de 300 años las separan*, además de las necrópolis en donde fueron descubiertas: una en Tanis, en el delta del Nilo; la otra en el Valle de los Reyes, situado en Tebas.
     La máscara de Psusennes está realizada en dos piezas de oro, soldadas y reforzadas con cinco clavos que podemos observar en su parte posterior. El precioso metal es la materia prima predominante en toda la obra, solo interrumpido por el lapislázuli empleado para remarcar sus cejas y grandes ojos almendrados, así como el tirante que usaban los faraones para sujetar la característica barba postiza. Para los ojos se utiliza piedra blanca y negra que llenan el rostro de vida. Una preciosa cobra realizada en oro recorre el nemes (tocado de tela que llevaban los faraones) y sobresale con una gran elegancia por encima de su frente. El amplio pectoral que vemos bajo su cuello, se resuelve con bandas cinceladas que representan motivos geométricos y hojas de loto muy estilizadas. Respecto a la barba postiza está decorada con simples incisiones que producen un efecto de entrelazado, se encuentra incrustada en la parte inferior de la mandíbula. Por último, las bandas que recorren la parte posterior del nemes convergen al final de su recorrido.
     
     Fue descubierta por el arqueólogo francés Pierre Montet en febrero de 1940, cuando estaba empezando la IIª Guerra Mundial, en el sarcófago de este faraón que reinó en el Bajo Egipto entre finales del siglo XI y principios del X antes de J.C. Así que, a pesar de la importancia del hallazgo, quedó un tanto olvidado, ya que el Mundo tenía su mirada puesta en la guerra desencadenada por Hitler. Aún hoy, permanecen postergados tanto el descubridor como Psusennes I y, desde luego, su magnífica máscara.

*La de Tutankamón más antigua.

          R.R.C. 

domingo, 11 de octubre de 2015

Respaldo del trono de Tutankamón

    
      Nunca he presenciado tanta ternura y delicadeza en una escena de arte egipcio, sea relieve o pintura, como la que nos presenta el respaldo del trono de Tutankamón. Esa mirada de complicidad entre el joven faraón y su delicada esposa desprende una dulzura contagiosa. Ese gesto protector de su mano derecha sobre el hombro izquierdo de su marido, al que está a punto de poner ungüento perfumado del recipiente que sostiene en su mano izquierda, contribuye aún más a transmitir amor, afecto y sensibilidad a la intimidad del momento. Si ahora detenemos nuestro examen en los pies de ambos, observaremos, que mientras Tutankamón solo calza su pie izquierdo, su esposa Anjesenatón hace lo propio en su pie derecho, símbolo inequívoco de que se complementan mutuamente.

     Por otra parte, me gustaría hacer hincapié en las siguientes cuestiones técnicas como: el gusto más que evidente por el detalle; la elegancia de la vestimenta y la transparencia de las telas, especialmente la de ella; los amplios y lujosos pectorales; sus elaboradas y llamativas pelucas, además de las piezas simbólicas que portan; y destacados brazaletes dignos de la realeza. Todo este conjunto de elementos, muestran el interés del artista egipcio por alcanzar la perfección en su obra. Para su consecución utiliza madera decorada con pan de oro, plata, vidrio y piedras de adorno como lapislázuli, cornalina y turquesa. Y, por último, advertir como el Sol situado en la parte superior inunda toda la composición de luz y energía, y aprovecha dos de sus rayos para introducir en las bocas de la feliz pareja el símbolo de la vida que, al final, no tuvieron. (De R.R.C. para Fina Pagán.)
   
      R.R.C.

viernes, 2 de octubre de 2015

Sargón I de Acad, un nacimiento e infancia mitológica

     Hace ya más de 33 años que cayó en mis manos un pequeño libro del Dr. Otto Rank, discípulo de Freud, aunque más tarde se separó de él, titulado El mito del nacimiento del héroe, en donde se plantea el por qué coinciden casi a la perfección, las condiciones de nacimiento e infancia de multitud de mitos de culturas distintas y distantes, en el espacio y en el tiempo que, en principio, no habían tenido contacto entre sí. El autor, hace un breve repaso de cómo fueron estas circunstancias en  una serie de personajes: unos, que sí tuvieron una existencia real; y otros, fruto de la formidable imaginación humana. Sargón o Ciro, serían un buen ejemplo de los primeros; Perseo o Edipo, una buena muestra de lo segundo.
     En esta entrada de blog me centraré en cuales fueron las condiciones de nacimiento e infancia del Rey Sargón, primera persona de la historia en fundar un imperio en el siglo XXIII antes de J.C., desde el Elam (suroeste del actual Irán) hasta el Mediterráneo. En lo que parece ser una inscripción inspirada o redactada por él mismo de época asiria, del siglo VII anterior a nuestra Era, y por lo tanto, muy posterior al personaje, nos informa de lo siguiente: Sargón, poderoso soberano Rey de Akad, hijo de una vestal y de un padre que desconozco; pero sé que su hermano vivía en las montañas. En Azupirani, ciudad situada a orillas del río Eúfrates, mi madre me dio a luz en un lugar oculto. Acto seguido, me colocó en un cesto hecho a base de juncos, cerrando su tapa con betún para impermeabilizarlo lo dejó flotando en las aguas del mencionado río, en el cual, logré sobrevivir. La corriente me desplazó hasta Akki, en donde un aguatero me recogió en la bondad de su corazón y me adoptó como si fuese su propio hijo, para convertirme más tarde en su jardinero. Ejerciendo este oficio, me gané el amor de la diosa Ishtar, me convertí en el rey de los acadios y, como tal, goberné cuarenta y cinco años. Al no ser una traducción literal no he entrecomillado el texto, pero refleja fielmente su contenido.
     Bien, el Dr. Rank, recoge una serie de teorías que tratan de explicar las coincidencias que muestra el nacimiento y la infancia de nuestro héroe, con otros personajes reales o ficticios, entre los cuales, se encuentran los mencionados anteriormente. Las resume en tres:
     En primer lugar, expone la “idea de pueblo”, propuesta por A. Bastian, la cual, supone la existencia de pensamientos elementales, por lo que las coincidencias que observamos en los relatos mitológicos, se podrían explicar por la disposición uniforme de la mente humana, independiente de cualquier tiempo y lugar.
     Una segunda teoría, recoge el origen común que tendrían todos estos relatos parecidos y que los encontramos por todo el Mundo, es decir, surgirían en un lugar propicio en donde serían aceptados, para pasar después, sin demasiados problemas, a los pueblos más próximos, y así, sucesivamente hasta ser conocidos por toda la tierra, al menos, conservando sus rasgos fundamentales. R. Schubert adoptó por primera vez esta explicación a la hora de exponer la amplia distribución de los mitos de los héroes.
     En tercer lugar, nos encontramos con la teoría de migración o préstamo, la cual, afirma, que los mitos individuales se originan en pueblos concretos y más tarde son recogidos por otros pueblos a través de la tradición oral, o bien, de influencias literarias, como podemos ver en la obra de E. Stucken.
     ¿Cómo interpreta el tema Otto Rank? Para él, los mitos no son elaborados por el héroe mismo, sino que son el producto de un pueblo de personas adultas, y más concretamente, por hacedores individuales del mito. En el fondo, le atribuyen al héroe su propia infancia magnificada y se identifican con él, reclamando para ellos, el mérito de haber sido también héroes en su pasado infantil, especialmente, cuando se enfrentaron con su padre como consecuencia del Complejo de Edipo (su primer acto heroico), descrito por su maestro Sigmund  Freud. En efecto, los mitos en general fueron creados por adultos, tras experimentar un proceso de regresión a sus propias fantasías infantiles, en donde se forjan y nutren las atribuciones que les conceden. Resumiendo, el inventor del mito describe su propia infancia fantaseada.

     R.R.C.   

martes, 1 de septiembre de 2015

El collar de María Antonieta

Reconstrucción del collar
     Conocido como Collar de la Reina, se le relaciona con María Antonieta, archiduquesa austríaca y caprichosa esposa del Rey de Francia Luís XVI, descendiente de Luís XIV, motivo por el cual, alcanzó tan alto honor. Ambos fueron víctimas de un gran engaño del que ni siquiera fueron conscientes, que aceleró su caída en desgracia de manera irremediable, como el mismo Gabriel Mirabeau, revolucionario, escritor y Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente llegó a admitir, al considerar este desagradable asunto, como el paso preliminar de la Revolución francesa. Aunque no hay que olvidar que el camino hacia la insurrección del pueblo de París ya estaba despejado, y este episodio sólo hizo acelerar el proceso.


 
Diseño del collar del enredo
      La historia se remonta al reinado anterior de su padre Luís XV, que tenía una amante (algo habitual, por lo que se ve, en los gobernantes de Francia) llamada Madame Du Barry, de una gran codicia y ambición sin límites. Dos joyeros que trabajaban para la Corona, pensaron que si elaboraban un enorme collar compuesto de grandes diamantes, hasta un  total de seiscientos cuarenta y siete, algo nunca visto hasta el momento (por las reproducciones que he podido ver de él en la red, me parece horroroso. Tanto diamante me recuerda una lámpara de cristal de roca), el Rey se quedaría sorprendido y se lo regalaría a su avariciosa querida. Pero la mala suerte se cruzó en el camino de estos joyeros. La muerte inesperada del Rey frustró su proyecto. Como vulgarmente se dice, se quedaron compuestos y sin novia, es decir, con un costosísimo collar que los había dejado empeñados hasta las cejas y sin comprador alguno.
Madame Du Barr
     La nueva ocasión, y que no podían desperdiciar, se les presentó con su sucesor en el Trono Luís XVI y su frívola, voluble y superficial esposa María Antonieta. Él estaba dispuesto a regalárselo. Lo sorprendente fue que ella no mostró un gran interés por la joya y la rechazó, pues no estaba en condiciones de pagar un precio tan alto. Ante este nuevo revés, la situación de los dos joyeros los situó al borde de la desesperación más absoluta, e incluso del suicidio. No obstante, continuaron con la búsqueda de un comprador, hasta que en 1875, por fin, recibieron un comunicado de una misteriosa dama que se llamaba Jeanne de La Motte, la cual, afirmaba que un personaje importante estaba animado para adquirir el estrafalario collar, tan solo tenían que esperar noticias suyas. En este momento empieza el monumental engaño, pues la tal Señora, no era más que una joven y bella ladrona, sin principios morales y muy ambiciosa, que trataba de quedarse con la preciada pieza, apoyada por gentucilla y ladronzuelos de poca monta.
María Antonieta
     El personaje poderoso al que se refería Madame de La Motte era, nada menos, que el cardenal de origen principesco Louis René Éduard de Rohan obispo de Estrasburgo y con un gran poder económico, al que había seducido con su belleza y para sacarlo de dudas, compartido su cama, haciéndose pasar por amiga de la reina. A la vez que aseguró, al incauto cardenal, que intercedería por él ante María Antonieta, para recuperar su amistad que tanto deseaba y lograr así, que lo propusiera para ser Primer ministro de Francia. Para conseguir su objetivo, ideó el siguiente plan, que parece sacado del mundo de la ficción: contrató los servicios de una prostituta que encontró en los barrios bajos de París y que poseía un gran parecido con la reina, para que se hiciese pasar por ella. Tuvo que acompañar a La Motte y su marido a un parque de Versalles próximo a palacio, y aguardar allí, con la cara tapada y convenientemente vestida, hasta que llegara el cardenal de Rohan. Mientras tanto, Madame de La Motte le confirmó que María Antonieta, a propuesta suya, había aceptado una cita breve y discreta con él. Después de este fugaz  encuentro con la impostora y tras una enigmática frase, en la que dio a entender que aceptaría el collar a cambio de su amistad, desapareció en la oscuridad de la noche. La trampa surtió su efecto.
Jeanne de La Motte
     Lógicamente, La Motte se ofreció como mediadora para la compra del collar y Rohan cayó en sus redes. El cardenal negoció con los joyeros, dicho sea de paso, consiguiendo un buen trato, ya que logró un buen precio y pagar el primer plazo medio año después. Inmediatamente confió la joya a La Motte para que se la entregase a la reina de su parte. Como era de esperar, hasta aquí llegó el collar. 
Cardenal de Rohan
     Madame La Motte, junto con su marido, desmontaron rápidamente este tesoro y se repartieron las valiosas piedras. Él se marchó a Londres con su parte del botín, pero ella cometió el error de permanecer en París y hacer ostentación de lo robado, efectuando compras desorbitadas e incluso utilizar parte de los diamantes para que le montasen sus propias alhajas para lucirlas. Pero este enredo no podía durar mucho tiempo sin que se descubriese, pues el cardenal veía que María Antonieta no le hacía ni caso, y por otro lado, los joyeros estaban deseosos de recibir el pago prometido. Cuando uno de los vendedores fue a visitar a la reina para ver qué pasaba, la operación urdida por el matrimonio de La Motte se vino abajo.
     
     Se celebró un juicio público, que la falsa Madame utilizó para verter un torrente de mentiras y acusaciones sobre, en este asunto al menos, inocente reina, presentándose como una víctima de ella, aprovechando la mala reputación que tenía entre los parisinos de: frívola, caprichosa, ramera, engreída y un largo etcétera. La gente desengañada del régimen la creyó. El cardenal quedó exonerado de cualquier responsabilidad, pero Jeanne de La Motte no tuvo tanta suerte. La sentenciaron a ser duramente flagelada y marcada con un hierro incandescente, como si de ganado vacuno se tratara, con la letra V (voleuse en francés) de ladrona. Además, estaría de por vida en una cárcel para mujeres. No sé si para mejor, o para peor, al poco tiempo alguien la ayudó a escapar a Londres en donde se encontraba su marido, que no quiso saber nada de ella. Unos años más tarde, en 1791 murió al caer, o la tiraron, aún no está claro, desde un edificio de la capital británica y así acabó sus días.
    
     El propio Alejandro Dumas escribió una novela titulada  El affaire del collar de la reina. El escritor vienés Stefan Zweig calificó este hecho como “una de las farsas más destacadas de la historia”. El cine también ha llevado a la gran pantalla este enredo, con una buena puesta en escena y una brillante interpretación de sus protagonistas, que consigue retrotraernos a ese caldeado período previo a la Revolución francesa.
     
     El Collar de la Reina que nunca fue de la reina y, sin embargo, lo pagó como si de un desmesurado capricho suyo se tratara. Su desprestigio era tal, que nadie la creyó. Cuando los gobernantes viven al margen del pueblo y se comportan como si los problemas que padece no fueran con ellos, pierden toda la credibilidad. Y si además, se aprovechan del poder que le ha sido otorgado para enriquecerse, creerán a cualquiera, por indigno que sea, antes que a sus propias autoridades. La Revolución francesa se hubiera dado de todos modos, pero ¡qué duda cabe! que este asunto, del que no se suele hablar cuando se exponen las causas del acontecimiento que inicia la época contemporánea, trazó su comienzo, encendiendo la mecha de un polvorín a punto de estallar. 
        R.R.C.

domingo, 2 de agosto de 2015

Nefertari, la reina por la que brilla el Sol

     En esta frase expresa todo su amor por su esposa Nefertari  en el Templo de Hathor de Abu Simbel y en otros lugares, el poderoso faraón Ramsés II. Con la que compartió, al menos, seis hijos de los ciento cincuenta que tuvo con otras esposas y concubinas. Pero, no cabe duda, que Nefertari era su preferida: La Gran Esposa Real, como indican todos los textos y monumentos encontrados hasta ahora. En algunas ocasiones la pone a su misma altura, algo inusual en esta época, lo que demuestra el interés que siempre mostró por esta atractiva y sensual mujer, que dejaba intuir con sutiles transparencias la belleza de su cuerpo en presencia de su esposo, además de ser inteligente y dotada para la política. De origen poco claro y aún discutido, podría estar relacionada con la nobleza, o la realeza, al estar emparentada con el faraón Ay; e incluso, es posible que fuese hermanastra de su propio marido.
     No se le hizo tarde para casarse a ambos, pues se encontraban al comienzo de la adolescencia y tenían una edad de unos quince años. Él ya estaba casado con otra, a la que Nefertari, con toda probabilidad desplazaría y se convertiría en la mujer más importante del reino, a la que elevó al rango de diosa. Con poder y con intervenciones decisivas en el terreno de la política, como prueba el hecho de ser una activa impulsora de la paz entre las dos potencias del momento: el Imperio Hitita y Egipto (en mi opinión, su mayor logro), el contribuir a evitar que dos estados poderosos sigan enzarzados en una guerra que se prolongaba más de quince años y que ninguno de ellos resultó vencedor. Entre los reconocimientos que cosechó con el respaldo de su marido que la colmó de honores en vida destacan: Señora de las Dos Tierras; Señora de todas las tierras; Esposa del dios; Princesa Heredera; y “Por la que brilla el Sol”, el más poético y hermoso de todos, el único del que hay documentación en toda la dilatada historia egipcia sólo referido a esta reina y, que desde luego, es un símbolo inequívoco del amor que le profesaba su marido.
     Su vida se desarrolla en Egipto durante el siglo XIII antes de Cristo y su reinado se corresponde con la XIX dinastía faraónica. No murió mayor. Por supuesto, antes que su esposo, pues contaba con una edad de cuarenta a cincuenta años, pero he leído otras informaciones que la adelantan a los treinta años. Y seguimos sin saber las causas de su muerte, por lo que no hay nada descartado, quiero decir que se pudo deber a muerte natural, accidente, o pensando en lo peor, asesinato. Su marido dispuso que fuera enterrada en el Valle de las Reinas, cerca del más conocido Valle de los Reyes en las afueras de la ciudad de Tebas. Su tumba es la más majestuosa de todas, y de no haber sido asaltada y saqueada, nos brindaría maravillosos tesoros que han desaparecido. Ramsés II no pudo construir una sepultura más bella para aquella que amó tanto. Nos podemos imaginar el profundo pesar que dejó en él su temprana muerte; y más, si tenemos en cuenta que este faraón murió casi centenario, después de un largo reinado de cerca de setenta años.
     Por último, me parece interesante fijarnos en el bonito cartucho real que lleva su nombre y aparece dibujado en las paredes de su tumba. Sobre su frente, y a la altura de las dos plumas largas que la propia Nefertari porta sobre su cabeza, con el disco solar incluido en la base de las mismas, podemos observar los siguientes signos: en primer lugar y en la parte superior un buitre, que podemos identificar con la diosa Mut “La Madre”, que en jeroglífico se la representa con un buitre que se transcribe -Mwt- seguido de una semiesfera  -t- (que en este caso actúa como redundante). La diosa aparece en primer lugar, aunque luego se lea la última, por respeto. Debajo y de izquierda a derecha vemos una especie de instrumento musical, aunque en realidad es una tráquea, que es un signo trilítero y se lee – NeFeR- (la letra e minúscula se añade por convención, para poder leer tres consonantes juntas), seguida de una caña en flor que podemos transcribir como i latina. A continuación aparecen tres signos que habría que leer de arriba abajo: un semicírculo  -t- , una especie de boca medio abierta  -r- y  dos trazos verticales que vendrían a ser una i larga  -ii- , o -y-. En la parte inferior del cartucho observamos una línea quebrada que se transcribe como - n - (se pronunciaría en), una especie de rectángulo -mr- (1) y por último, otro semicírculo, que ya sabemos que se transcribe como - t - e indica el género femenino, que la inscripción se refiere a una mujer. Juntando todo lo anterior podría quedar como sigue: Nefritry Mwt n mr t. Traducido al castellano: “La bellísima amada de Mut”, o bien “Nefertari amada de (en) Mut.

(1) En otros cartuchos, como podemos observar en la otra imagen, en lugar de ese rectángulo que se transcribe como  -mr- aparece un signo con forma de azada o arado, que tiene el mismo significado: amar y se transcribe igual.
     R.R.C.

martes, 21 de julio de 2015

¿Dónde fue bautizado Jesús?


     La UNESCO acaba de declarar Patrimonio de la Humanidad y, por consiguiente, de dar validez a las tesis que afirman que Jesús fue bautizado en Betania (nada que ver con la ciudad de Lázaro), en la ribera oriental del río Jordán, o sea, en la parte jordana, unos diez km. antes de su desembocadura en el mar Muerto. De esta forma, podríamos considerar que este lugar es uno de los tres sitios más importantes de peregrinación (algún Papa ya lo ha hecho), para la cristiandad, después del Santo Sepulcro en Jerusalén y la Basílica de la Natividad en Belén.
    
       Por otra parte, no debería de sorprendernos este lugar, pues San Juan ya lo señala en el capítulo primero de su Evangelio cuando afirma: “Estas cosas acontecieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando”.  El arqueólogo y profesor de la Universidad Hachemita Reina Rania, de Ammán, Mohammad Waheeb no tiene dudas de que nos encontramos en el lugar exacto donde tuvo lugar el acontecimiento. Ha habido que esperar hasta finales del siglo pasado para poder probarlo arqueológicamente. Aparecieron cuatro iglesias superpuestas de los siglos IV al VII (cuando una se destruía, levantaban otra encima), prueba que indica la importancia de este lugar para los antiguos cristianos.
     
     También tenemos que tener presente que, en el siglo VI, Santa Elena, la madre del Emperador Constantino, y a la que podríamos considerar como primera arqueóloga, por su búsqueda incansable de los lugares en los que estuvo Jesús, visitó esta zona. Unos monjes que vivían allí desde la primera mitad el siglo I le mostraron este emplazamiento como el sitio de su bautismo. Inmediatamente, ordenó que se levantaran iglesias para celebrarlo y no olvidarlo; como así ocurrió, prueba de ello es que la primera en alzarse data, como hemos visto más arriba, del siglo IV.

       R.R.C.

lunes, 13 de julio de 2015

El Valle de los Reyes

     En uno de los lugares más calurosos, áridos e inhóspitos de la tierra, decidieron los faraones del Imperio Nuevo egipcio, hace unos tres mil quinientos años, lejos del mundanal ruido y próximo a la antigua Tebas (la actual Luxor), excavar sus sepulturas con el objetivo de conservar sus cuerpos momificados y guardar lo mejor posible sus innumerables tesoros, para evitar que fueran saqueados por los ladrones de sepulcros. A día de hoy se han encontrado sesenta y dos tumbas, entre ellas las del famoso TutanKamón, por descubrirse intacta tal y como la dejaron los antiguos egipcios con todos sus tesoros por el arqueólogo inglés Howard Cartel en 1922. Todos ellos fueron trasladados al museo arqueológico del Cairo, ocupando prácticamente toda la primera planta. Entre las piezas expuestas se encuentra la famosa máscara funeraria del faraón; de oro y piedras de adorno como turquesas y lapislázuli, muy utilizadas por los egipcios en sus obras de orfebrería. A pesar de ser la tumba más conocida, por la razón ya expuesta, no es la mejor, está sin acabar, recordemos que este monarca murió a penas cumplidos los dieciocho años. Su inesperado fallecimiento provocó la necesidad de aligerar el final de las obras de su sepultura. La mayoría o posiblemente casi la totalidad de los entendidos, opina que la mejor tumba de todas es la del faraón Seti I (de la que se expone un vídeo bajado del YouTube en este blog), no es posible su visita, ya que desde hace años se encuentra cerrada al público, así que tendremos que conformarnos con ver fotos o vídeos de ella, también se muestra en alguna película de cine. Los demás enterramientos se pueden visitar, pero está prohibido fotografiarlos por dentro al público en general. Las únicas fotos que se admiten en este lugar son exteriores. Una lástima.
     El Valle de los Reyes comenzó a ser considerado como gran necrópolis a partir de la dinastía XVIII, tiempo en el que fueron enterrados no solo faraones sino también miembros de la familia real (reinas y príncipes) y grandes personalidades. El primer monarca que fijó allí su sepultura fue Thutmosis I (1506-1494 a.C.). Fue declarado  Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y es uno de los lugares más visitados del Egipto faraónico desde hace décadas. Muy pocos viajeros europeos hicieron aparición en el Valle hasta la llegada de la expedición francesa de Napoleón, cuyo grupo de historiadores exploraría el lugar e incluso identificaría algunas tumbas. Fue Champollion quién denominó valle de los reyes a este lugar. No todas las tumbas están abiertas al público, pero sí las que despiertan mayor interés por sus bellísimas pinturas. Un recorrido por este Valle deja un recuerdo imborrable, una grata experiencia. Las pinturas que se pueden admirar en la mayoría de sus tumbas, son delicadas, polícromas y de una bellísima factura. Inolvidables.
       R.R.C.