miércoles, 23 de julio de 2014

Tríada de Osorkon II

     Bellísima pieza en miniatura de la orfebrería egipcia conservada desde 1872 en el Museo del Louvre de París. Presenta unas medidas de tan solo 9 cm de altura por 6 cm de anchura, y los materiales empleados en su elaboración son poco variados: oro, lapislázuli y cristal. Esta pequeña obra de arte se remonta al siglo IX antes de J.C. y lleva grabado en el pilar central el nombre del faraón de la XXII dinastía Osorkon II, descubierta precisamente en su tumba en la necrópolis de Tanis, situada en el delta del Nilo. Las figuras que observamos realizadas en oro, representan tres importantes dioses del panteón del Antiguo Egipto: el propio faraón Osorkon II, de 4 cm de alto y en el papel  del dios Osiris, sentado en el centro sobre un pilar cuadrangular de lapislázuli; Horus, ubicado a la izquierda con la típica cabeza de halcón; y por último, la diosa femenina Isis, con los habituales cuernos de vaca.
     Llama la atención el gesto protector de extender su mano, de las dos divinidades laterales sobre la estatuilla sedente de Osiris. Por otra parte, como es propio de la escultura egipcia, adelantan un pie a las imágenes para dar movimiento a la obra, pero que no evita la rigidez tradicional que siempre vemos en este arte. La representación de Osiris es la peculiar estatua cubo que reduce al máximo el estudio anatómico, ya de por sí escaso en general, como podemos comprobar en sus dos acompañantes.

         R.R.C.

miércoles, 16 de julio de 2014

EL FARAÓN DE PLATA

     Me refiero a Psusennes I, faraón de la XXI dinastía egipcia que aconteció entre los siglos XI y X a. de J.C., y con ella dio comienzo el Tercer período intermedio de Egipto, que se prolongará hasta mediados del siglo VII anterior a Cristo, quedando el país del Nilo dividido en dos zonas políticas: una al norte dirigida desde Tanis y otra al sur con capital en la vieja Tebas. Además, no sólo eran independientes entre sí, pues en muchas ocasiones también fueron rivales. Por otra parte, mientras que el gobernador del norte ostentaba el título de faraón, el máximo representante del poder tebano era el Sumo Sacerdote de Amón, pero en la práctica era el rey del Alto Egipto, de hecho, fue durante esta dinastía cuando más poder acumuló, llegando a poseer hasta dos tercios de las tierras de los templos de todo Egipto, entre otros muchos bienes. Así que, era tan poderoso como el faraón que gobernaba los territorios del norte, si no más. Prueba de ello es, que Psusennes I era hijo del Sacerdote de Amón Pinedyem I, mientras que otro de sus hijos heredó su cargo, con lo cual, los dos gobernantes que coincidieron en Egipto en esta época eran descendientes suyos: el faraón Psusennes I en el norte y su hermano el Sacerdote de Amón Menjeperra en el sur. Como vemos, al final, como ocurre ahora entre la casta política española, todo quedaba en familia.
      Respecto a la duración de su reinado, depende la fuente histórica que consultemos, pero las diferencias entre ellas no son significativas. Como ya he escrito sobre este faraón en otras entradas de este blog, mantendré las fechas de reinado que en ellas indiqué: entre el 1039 y el 991 a. de J.C., por lo tanto, gobernó durante un largo período de entre cuarenta y cincuenta años la zona norte  del país sobre la que extendió su dominio, pues, tampoco en este asunto hay acuerdo. No obstante, el tiempo real en el que efectivamente ejerció el poder, se tuvo que ver necesariamente reducido, debido a una artritis que sufrió los últimos años de su vida, con fuertes dolores de espalda, que lo inhabilitaría para ejercer las funciones propias de su cargo, según revelan los análisis forenses a los que han sido sometidos sus restos hallados en un sarcófago de plata.
     El descubrimiento de su tumba se llevó a cabo por el arqueólogo francés Pierre Montet  en 1939, en la necrópolis de Tanis, capital del Bajo Egipto en este convulso período. Se encontró intacta, aunque muy cerca de ella se habían producido saqueos, pero la de este faraón no se vio afectada, convirtiéndose en una de las pocas tumbas reales descubiertas hasta hoy que se han mantenido libres de asaltos y pillajes, lo que aumenta considerablemente el valor de este descubrimiento. Si este hecho no ha sido tan conocido, y no digamos si lo comparamos con la tumba de Tutankamón, es porque el hallazgo se realizó justo el año que comenzó la Segunda Guerra Mundial. En septiembre de 1939, las tropas de Hitler invadieron Polonia y los acontecimientos bélicos se desarrollaron muy rápidamente. El Mundo estaba en otra cosa, los descubrimientos arqueológicos, por importantes que fueran, tendrían que esperar mejores tiempos.
     En su enterramiento se reutilizaron dos sarcófagos de granito: uno exterior de color rojo y otro interior de color negro, dentro del cual, se introdujo un tercer féretro de plata, que contenían sus restos momificados y ricamente adornados con objetos de oro y piedras de adorno como: su impresionante máscara funeraria, sortijas, pulseras, pectorales, etc. Prefirió la plata al oro para el ataúd que debía de conservar su cuerpo para la eternidad, de aquí el nombre con el que se le suele llamar a este faraón. Tenemos que saber que este metal precioso se tenía que importar desde muy lejos, con lo cual, se encarecía muchísimo en Egipto, y el trabajo artesanal de la plata planteaba más dificultades que el oro. Todo ello indica que fue un hombre con un gran poder, que supo mantenerlo durante muchos años y falleció, probablemente, de muerte natural.
     El nombre de trono (Nesut Bity) de este faraón, ahí va: Aajeperra setepenamon, que se podría traducir como: Grande es la manifestación de Ra, elegido de Amón. En el cartucho real que se inscribe, el verbo ser no aparece, o sea, ateniéndonos al contexto hay que incluirlo en la traducción. Advertimos el disco solar (Ra); seguido de un signo que representa una columna (aa), que en este caso debemos descifrar como grande; el famoso escarabajo egipcio (jeper) que significa: manifestación; después observamos la divinidad con dos plumas altas, cetro y barba (Amón) y una línea quebrada (n) que actúa como genitivo indirecto e interpretamos como: de; y termina con la representación de una azuela con taco de madera (setepe), abreviatura de: elegido. Para concluir, tan solo señalar, que el término faraón procede del griego, por lo tanto, no es así como llamaban a sus reyes en Egipto. En jeroglífico, se escribía con un rectángulo abierto por la parte inferior que podríamos transcribir como: per; más el signo que representaba una columna: aa, es decir, la palabra faraón en jeroglífico sería: Per-aa.
Nota: para una mayor comprensión, en lo que se refiere a este último párrafo en el que trato de explicar el nombre egipcio del faraón, remito al lector a otras entradas del blog sobre este mismo soberano, o Tutankamón, escribiendo el nombre de uno u otro en el buscador que hay en la derecha. En la imagen superior aparece el Nesut Bity en el cartucho de la izquierda (el expuesto anteriormente) y el Sa Ra en el de la derecha.
Nota II: como una mera cuestión anecdótica, recordar que en la famosa película “En busca del arca perdida” de Indiana Jones, el Arca de la Alianza se busca, y al final se encuentra, precisamente en la ciudad de Tanis.        
       R.R.C.

sábado, 5 de julio de 2014

¿Turista, o viajero? Mejor viajero

     Evidentemente no es lo mismo ser turista que ser viajero. El primero es el que viaja para divertirse, para descansar (aunque dudo que lo consiga de viaje), para entretenerse, porque está de vacaciones y a algún sitio tiene que ir para romper con la rutina del trabajo, en fin, los motivos pueden ser varios. El segundo, viaja para aprender, observar, comprobar, en definitiva, comprender mejor y tener una visión más amplia del mundo en el que vive. Todo lo anterior, no tiene, necesariamente, que estar reñido con la diversión y el entretenimiento. Ya dijo un importante escritor: “que el mundo es como un precioso libro y el que no ha viajado nunca sólo ha visto la primera página”. El viajar también es muy bueno para evitar los prejuicios y la estrechez de miras, nos hace más dialogantes y comprensivos, no cabe duda, de que es muy saludable y rejuvenecedor. Por otra parte, los conocimientos que adquirimos en la escuela, o en la universidad, se completan y complementan con una actividad viajera, cuanto más, mejor, cada uno lo que pueda permitirse, o le apetezca. El historiador romano Plinio el Joven, ya nos dejó por escrito que: “Por naturaleza, los hombres gustan de ver cosas nuevas y de viajar”.

     Como julio es un mes vacacional, durante el cual, mucha gente puede aprovechar para viajar, creo que es oportuno escribir sobre este asunto, a riesgo de parecer jactancioso, por mencionar más adelante los lugares que he visitado. El no hacerlo, tampoco me convertiría en más humilde. Sólo pretendo hacer una llamada de atención, sobre la importancia que tiene para formarnos como personas, el hecho de conocer otros sitios diferentes, al lugar donde hemos nacido y crecido. Además, sin pretender ofender ni minusvalorar a nadie, la gente más inteligente que yo he conocido, no ha sido en la Universidad, ni en círculos pretenciosamente intelectuales con los que he tenido algún contacto. Todo lo contrario, en los lugares más humildes y sencillos de España y otros países del Mundo, en los rincones más inesperados, me he tropezado, sin buscarlo, con las personas más sabias, interesantes y encantadoras que he visto en mi vida.
     Mark Twain, por ejemplo, fue un entusiasta viajero, como podemos comprobar en su maravilloso libro traducido al español como: Guía para viajeros inocentes (su título original es Inocentes en el extranjero). Afirmó en una ocasión “que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él”. Otros personajes relevantes también fueron incansables viajeros y aventureros. Muchos de ellos publicaron sus experiencias, de las que nos podemos aprovechar todos nosotros, en la aventura que todo viaje conlleva.
     Personalmente, me hubiese gustado viajar mucho más de lo que lo he hecho hasta ahora. Pero sí he viajado, al menos, todo lo que he podido. Evidentemente, el país que mejor conozco es España, ya que he visitado sus quince comunidades autónomas peninsulares, las dos insulares, es decir, los archipiélagos de Baleares y Canarias, más las ciudades norteafricanas de Ceuta y Melilla. Muchas de ellas varias veces (es bueno repetir, pues cuando uno vuelve a un lugar ya visitado, siempre se descubren cosas nuevas, no entiendo a aquellas personas que dicen que no volverían a un sitio en el que ya han estado). España es como un pequeño continente, por la variedad que ofrece su medio millón de km. cuadrados, su riqueza cultural, sus diversos paisajes y diferentes climas. Aunque uno sólo viajase por ella, no estaría nada mal, pues ofrece todo un mundo de posibilidades para aprender, conocer y disfrutar. No hay viaje, por corto, o pequeño que nos parezca, que no sea importante. Y recuerden, como dice un viejo proverbio atribuido a Lao Tse: "Un viaje de mil leguas empieza por el primer paso".
     Al extranjero también he salido en numerosas ocasiones, y al igual que he hecho en España, he repetido países, otros sólo los he visitado en una ocasión. Por supuesto, no los he recorrido como España, he visitado alguna ciudad, u otros lugares de interés en cada uno de ellos. Unos los he visto mejor que otros. En todos ellos, he pretendido ser un viajero, antes que un turista, contra el que no tengo nada, evidentemente. Lo importante, no es el número de lugares que hemos visitado, sino, como hemos aprovechado nuestra estancia allí. ¿Qué hemos obtenido de ellos? Esta es la pregunta que nos tenemos que hacer y a la que tenemos que dar respuesta.
     Los viajes también tienen sus enemigos, aunque no son muchos. Sirva de ejemplo lo que dijo el intelectual catalán nacido en el siglo XIX y fallecido en el XX Santiago Rusiñol: “Si fuera cierto que el viajar enseña, los revisores de billetes serían los hombres más sabios del mundo”, o la novelista francesa Gabrielle Colette: “Los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas”. Opiniones que no puedo compartir, por ser contrarias a la postura defendida en esta entrada. Pero lo más absurdo que he tenido que escuchar al respecto, lo dijo una conocida mía cuando afirmó que: “viajar era tirar el dinero, pues cuando volvías no tenías nada”. Creo que no necesita comentario. Felices vacaciones a todos los afortunados que las tengan. En todo caso, pásenlo bien.  
     Para finalizar, aquí os dejo este bello poema de Antonio Machado:
                                  Caminante, son tus huellas
                                  el camino y nada más;
                                  Caminante, no hay camino,
                                  se hace camino al andar.
                                  Al andar se hace el camino,
                                  y al volver la vista atrás
                                  se ve la senda que nunca
                                  se ha de volver a pisar.
                                  Caminante no hay camino
                                  sino estelas en la mar.
        R.R.C.

NOTA: la foto superior la tomé desde la popa de un barco, en ella podemos ver la estela que deja en su avance por el mar. La foto siguiente la saqué en una preciosa y relajante bahía de Costa Rica.
  

miércoles, 2 de julio de 2014

La copa Warren

     Fue adquirida por un coleccionista estadounidense llamado Warren a principios del siglo XX en Jerusalén, y de ahí el nombre, por el que esta bella copa de plata es conocida en la actualidad. En 1999 fue adquirida por el Museo Británico por una enorme cantidad de dinero, exactamente 1 800 000 libras inglesas, en donde la podemos contemplar en una de sus vitrinas. A pesar de tener algunos desperfectos, inevitables con el transcurso de los siglos, su estado de conservación es excelente.

    Lo que más nos llama la atención de este objeto, es la representación de dos escenas de alto contenido homosexual explícito, lo que le acarreó diversos problemas de rechazo en otros momentos pasados, felizmente superados hoy en día. La gran calidad artística de los relieves es evidente, las figuras están esculpidas en bajo relieve, probablemente, por un artesano griego con altos conocimientos técnicos, de la segunda mitad del siglo I d. de JC. Con la intención de utilizarla en sus fiestas y banquetes privados para beber vino, es posible, que un cliente adinerado romano que residía en Palestina hiciese el encargo, ya que la copa apareció en las proximidades de Belén. La base está realizada en plata maciza y se encuentra soldada al pie hueco que sostiene el recipiente, que previsiblemente, disponía de dos asas que no se han hallado.
     En cuanto a las escenas que podemos ver en la copa, ambas nos presentan una pareja masculina, en la que el personaje de mayor edad sodomiza al más joven. En uno de sus lados, un hombre adulto y barbudo que aparece tumbado en un canapé, con un personaje más joven sentado sobre él, agarrado a una soga o cinta para mantener la posición necesaria, y así poder realizar el acto sexual. Mientras tanto, al fondo, y detrás de una puerta entreabierta, otro personaje aún más joven, observa la escena sin ser visto por los protagonistas, con lo cual, nos encontramos con la circunstancia añadida, de un acto de voyerismo. En el otro lado de la copa, descubrimos una representación similar, en la que un personaje todavía imberbe, practica sexo anal con otro que aún no ha llegado a la adolescencia. Lógicamente, visto el hecho con una mentalidad actual, nos encontraríamos ante un caso claro de pederastia. Junto a estas dos escenas principales, se incluyen telas dobladas y algún instrumento musical.
     
     No son raras las escenas de contenido sexual en las representaciones romanas, no hay más que recordar todas las imágenes que nos han llegado de Pompeya, ciudad sepultada por el Vesubio y en la que había un gran número de burdeles, más que panaderías, según algunos textos que he leído por ahí. Los contenidos de carácter homosexual, aunque los hay, son menos frecuentes que los heterosexuales, lo que hace aumentar la singularidad de la copa.
      R.R.C. 

martes, 1 de julio de 2014

La copa de Licurgo

     Es una preciosa e interesante copa del siglo IV de nuestra Era. Presenta unas medidas aproximadas de 16 cm de altura y 13 cm de ancho. Conservada en el Museo Británico desde la década de 1950 es, posiblemente, la pieza de este tipo más preciada que nos ha legado la civilización romana y, desde luego, la única que presenta la curiosa propiedad que veremos más adelante. Los arqueólogos piensan que se elaboró en la región del Lazio en el centro de la península itálica. Otros apuntan a la ciudad de Alejandría en el norte de Egipto como lugar más probable de su fabricación. Pero lo que sí es cierto, es que no se sabe nada de ella hasta 1845.

     Está elaborada con un vidrio dicroico, es decir, cambia de color según la incidencia de la luz. Si ésta se refleja sobre ella, la vemos de color verde jade y si el foco lo ponemos detrás, de modo que la luz la atraviese, la veremos de color rojizo. Imaginemos lo que deberían pensar los romanos cuando presenciasen este misterioso efecto lumínico, ¿magia?, sin tener los conocimientos físicos necesarios para poder explicar este fenómeno que, por otra parte, se han hecho esperar hasta la segunda mitad del siglo XX.
     ¿Cómo consiguieron los artesanos romanos este efecto dicroico? Resulta evidente que sabían cómo hacerlo, que fue una característica buscada en la elaboración de ciertos objetos de vidrio que lamentablemente no han llegado hasta hoy. Descubrieron que si añadían al vidrio diminutas partículas de oro y plata en una determinada proporción, que debía de ser exacta, se conseguía esta propiedad óptica de cambio de color. La copa tiene una composición química similar a otros vidrios de época romana: sílice, sosa y cal; 0,5 de manganeso y otros elementos en trazas; y como he dicho anteriormente, cantidades mínimas de plata, concretamente 300 partes por millón y 40 partes por millón de oro. Cuando la luz incide en estas nanopartículas de entre 50 y 100 nanómetros*, excitan su nube electrónica, y este movimiento de los electrones, provoca el color verde de la copa como consecuencia de las partículas de plata y el rojo de las de oro. Por otra parte, el antinomio utilizado en una proporción del 0,3% es el agente reductor necesario para que se formen las nanopartículas, que el análisis de rayos X determinó que su composición en plata y oro era en una relación de 7:3, también es indispensable obtener la temperatura alcanzada para moldear el vidrio y, por último, una atmósfera adecuada en el lugar donde se desarrolla el proceso. Todo ello, según un artículo de J.M. Oliva Montero. En fin, y para no extenderme más, aquí tenemos un ejemplo de lo que se puede conseguir cuando la ciencia y el arte se dan la mano. 
  
     En cuanto al tema que representa, lo obtiene de una leyenda de la mitología griega, en la que narra la agresión que sufre una de las ménades del dios del vino Dionisos, por parte del mítico rey de Tracia Licurgo. Ésta solicita la ayuda de la diosa Gea, convirtiéndola en una planta de vid y, de esta manera, aprovechó las ramas que posee este arbusto para enredar y capturar al malvado rey (justo el momento que elige el artesano para representar en la copa), y finalmente matarlo. Hay que advertir, que tanto el pie, como el borde de la copa hecho en bronce dorado, son una añadidura posterior, concretamente del año 1800, y guardan una perfecta correspondencia con la antigua decoración de hojas de vid caladas.
*Un nanómetro es una unidad de longitud que equivale a 10 elevado a -9 metros, es decir, a la millonésima parte de un milímetro.
      R.R.C.