viernes, 17 de mayo de 2013

Teatro de Epidauro


     Asclepio es el dios griego de la medicina, el que sana, el que cura. Le hicieron un santuario en el lugar donde nació: en Epidauro. Enfermos de toda la Hélade acudían especialmente a este santuario, pues tenía otros repartidos por distintas ciudades de Grecia, implorando su ayuda para curar sus enfermedades. Se solían encerrar durante toda la noche cerca de una cámara donde se custodiaba la estatua del dios. Luego manifestaban que Asclepio se les había aparecido en sueños y como consecuencia de ello quedaban curados. Una especie de milagro. Como la gente acudía en masa a este lugar, era lógico que apareciesen otros edificios, e incluso otros negocios para aprovechar la avalancha. Entre los primeros apareció un teatro, el más conocido del mundo griego: por su tamaño, por su belleza y en la actualidad por su buena conservación. Enclavado en medio de un paisaje natural espectacular; rodeado de montañas, mar y cielo. Aquí resonaron los grandes trágicos de Grecia: Esquilo, Sófocles y Eurípides entre los más significativos.
            
     Los griegos crean el teatro, tanto en su manifestación literaria como en el edificio destinado a su representación. El teatro griego consta de la escena, la orchestra y el graderío o koilon ultrasemicircular para el público. La escena no tiene aún la importancia que adquiere en su versión romana y suele encontrarse a nivel de tierra. La orchestra, de planta circular, es la parte dedicada al coro, y tiene en su centro el altar de Dionisos, en cuyo honor se celebra la fiesta.
            
     De todos los teatros griegos destaca el teatro de Epidauro, construido a mediados del siglo IV por el arquitecto Policleto el Joven, y con un aforo de unos 15.000 espectadores. Perfectamente integrado en el paisaje, aprovechó la inclinación de la colina para construir su graderío, que forma un enorme semicírculo de 120 metros de diámetro y 24 m de desnivel, dividido en dos zonas, alta y baja, por una galería central.
            
     Desde la orchestra circular que constituye el núcleo del teatro, parten trece escaleras, que dividen como radios la zona inferior en doce sectores. Esta división se duplica teóricamente en la zona alta por medio de 23 escaleras.
           
     Las vías de acceso eran los dos corredores, párodoi, que separaban los extremos del koilon de la escena. La forma de esta última, e incluso su papel, es problemática, pero probablemente era ya en su origen una construcción alta, con un frente de pilastras y columnas jónicas adosadas a ellas y dos alas salientes, los paraskenia, que cerraban sus flancos.   
            
     Aunque el resultado es aparentemente simétrico, para lograr esta perfección visual fueron necesarias sutiles variaciones geométricas y numéricas. Así, se pueden detectar pequeñas diferencias en la anchura de los sectores o en la curvatura de las gradas del semicírculo, que se abren imperceptiblemente en los bordes de la cávea.
            
     El teatro ofrece una acústica inmejorable. Desde la fila más alejada se puede oír perfectamente lo que se dice en el escenario; la vista, además, es magnífica desde cualquier asiento del teatro.
           
     Estuvo desaparecido hasta finales del siglo XIX y fue un viajero inglés el que reveló el plano de las ruinas. Precisamente fue en este mismo lugar donde se proclamó la independencia de Grecia en 1822.
      R.R.C.