viernes, 24 de febrero de 2012

Las Meninas, un poco de humor (vídeo)


Friso de las Panateneas (vídeo)


Las señoritas de Avignon de Pablo Picasso

   
      Óleo sobre lienzo de 243X233 cm pintado en 1907 y expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Este cuadro es la referencia clave para hablar del cubismo. Picasso  rompe con el realismo, los cánones de profundidad espacial y el ideal existente hasta entonces del cuerpo femenino, reducida toda la obra a un conjunto de planos angulares sin fondo ni perspectiva espacial, en el que las formas están marcadas por líneas claro-oscuras.
     Dos de los rostros, los de aspecto más cubista de los cinco, que asemejan máscaras, se deben a la influencia del arte negro africano, mientras las dos centrales son más afines a las caras de los frescos medievales y las primitivas esculturas ibéricas, el rostro de la izquierda presenta un perfil que recuerda las pinturas egipcias. Las bases de esta obra están influenciadas por las figuras alargadas del Greco. Su estructura ambiental rememora los bañistas de Cezanne y las escenas de harén de Ingres. Los tonos ocre-rojizos son característicos de su época negra.
Bañistas de Cezanne
     Picasso, junto con Braque, creó la nueva corriente cubista. Hasta 1.916 no se expone el cuadro y es en 1.920 cuando se publica su título. Se produce un antes y un después en el mundo del arte, por la ruptura que provoca esta obra. Aun cuando la obra no se puede considerar plenamente cubista, podemos ver en ella la descomposición del espacio y las formas pictóricas, la inspiración en el arte primitivo y la combinación de diferentes puntos de vista en una sola figura.
     Aviñón era una calle de Barcelona donde había muchos burdeles, así pues, la escena tiene lugar en el interior de un prostíbulo: cinco mujeres desnudas y en el centro un bodegón de frutas, que se ha interpretado como un símbolo de la sexualidad femenina, aunque los hombres no están presentes. Un quinteto de mujeres miran sin disimular a un espectador sorprendido. El fondo es plano y fragmentado, los colores no se corresponden con la realidad, que queda sintetizada en estructuras geométricas. No se relata lo que se ve, sino lo que se sabe. Las figuras se representan de frente y de perfil a la vez, como si viéramos a la persona en dos posiciones simultáneamente. Con esto conseguía aparentar múltiples puntos de vista en una misma figura y dar un gran volumen a un espacio plano. Estamos ante la primera obra cumbre del siglo XX, con ella se inicia una nueva manera de concebir la pintura: el Cubismo.
           R.R.C.

jueves, 23 de febrero de 2012

"Amarillo, rojo y azul" de Kandinsky

      Oscar Wilde escribió: “el arte empieza donde termina la naturaleza”. Antes de él, Delacroix afirmaba que “el realismo tendría que definirse como el antípoda del arte”. El pintor ruso Vassily Vasilievich Kandinsky (1866-1944) se considera un  precursor y teórico de la  abstracción en pintura. En De lo Espiritual en el Arte, habla de una nueva época de gran espiritualidad y de la contribución de la pintura a ella. El arte nuevo debe basarse en un lenguaje de color y Kandinsky da las pautas sobre las propiedades emocionales de cada tono y de cada color, a diferencia de teorías sobre el color más antiguas, él no se interesa por el espectro sino sólo en la respuesta del alma.
      El cuadro que nos ocupa es un óleo sobre lienzo de 128X200 cm pintado en 1.925 y expuesto en el museo de Arte Moderno de París. Aparece dividido en dos partes sobre un fondo plano que representa un espacio impreciso, definido con la ayuda de colores pálidos. En la izquierda domina el amarillo rodeado de líneas oblicuas finas y aceradas que recuerdan la forma triangular. En la derecha, un círculo azul está parcialmente cubierto por una línea ondulante negra y cuadrados rojos. La disposición de los diferentes elementos no deja nada al azar, consiguiendo crear una fuerte tensión entre las diferentes formas y valores cromáticos. El ritmo se consigue mediante violentos contrastes de color, que otorgan vitalidad a la composición. El conjunto adquiere una dimensión cósmica y espiritual.
     El cuadro puede ser interpretado como el enfrentamiento entre el amarillo y el azul, que, sin duda, simboliza la oposición entre el día y la noche.
     Nota: En Punto y línea sobre el plano,  Kandinsky expone su concepción de las fuerzas inherentes a las formas y a los colores como vehículos de emoción, expresión, tensión y dinamismo. Es posible crear asociaciones naturales entre el amarillo y el triángulo, el círculo y el azul, el cuadrado y el rojo.
         R.R.C.