lunes, 30 de enero de 2012

Me gusta el Cristo de Velázquez

     Con esta categórica frase comienza el poema de León Felipe, para terminar escribiendo que le gusta más el hombre hecho Dios, que el Dios hecho hombre. Sin embargo, esta idea de un hombre que se convierte en Dios, ya fue desechada en el Concilio de Nicea en el año 325 por peligrosa, pues cualquier hombre podría tener la tentación de convertirse en un nuevo Dios. Se adoptó el Credo definitivo de fe de la iglesia cristiana, en el cual, Dios se hizo hombre por la salvación de la humanidad. Pero volviendo al tema que nos ocupa, otro escritor relevante, Don Miguel de Unamuno, también se sintió fascinado por el lienzo. Escribió una obra de carácter religioso dividida en cuatro partes, siguiendo la estela de fray Luís de León, en donde analiza la figura de Cristo. “¿En qué piensas tú, muerto, Cristo mío? ¿Por qué ese velo de cerrada noche de tu abundosa cabellera negra de nazareno cae sobre tu frente?...” El Cristo de San Juan de La Cruz del maestro Salvador Dalí, con su original perspectiva tomada desde lo alto, de estilo surrealista y conservado en Glasgow, rinde un merecido homenaje a la obra que estamos tratando.
     El Cristo crucificado de Velázquez se encuentra colgado en las paredes del Museo del Prado desde el siglo XIX, que ya funcionaba como museo. Es un óleo sobre lienzo de 248X169 cm y terminado posiblemente en 1632, después de su primer viaje a Italia, en donde realizó varios estudios de desnudo, como podemos ver en otro conocido cuadro suyo: “La fragua de Vulcano”. Cristo aparece clavado en la cruz con cuatro clavos, como era costumbre representarlo en el siglo XVII. No viene mal recordar, que en este mismo siglo, existía una vieja disputa entre pintores y escultores, para saber quién se hacía  con la mejor representación de la naturaleza. Velázquez nos ofrece aquí una lección sobre los valores táctiles que puede alcanzar la pintura, y que pueden ser tan elevados como la escultura. De hecho, a este Cristo crucificado también lo podríamos “abrazar” como a una escultura. Desde luego, su apolínea figura no tiene nada que envidiar la belleza de los desnudos clásicos. La paz y serenidad que transmite su rostro es inmejorable, a pesar de estar cubierto la mitad de éste, por esa espesa y larga cabellera que cae ingrávida. Por cierto, una tradición popular nos dice que Velázquez lo pintó así, al no quedar satisfecho con los resultados obtenidos en esa mitad de la cara, y en consecuencia, decidió ocultarla. Esta es una de esas anécdotas que tanto les gusta contar a los guías turísticos, pero que carece de base histórica real.
     A diferencia de otros Cristos barrocos, no hay un excesivo recurso a la sangre, ni a las heridas, consecuencia de la pasión y crucifixión. Sangre que absorbe la cruz que sirve de lecho de su atormentado cuerpo. Esa cruz de madera pintada con tanto realismo, con nudos y vetas que parecen salir del cuadro. Con esa ménsula donde sitúa sus doloridos pies y ese cartel en tres idiomas, recordándonos, que es Jesús el Rey de los judíos, el que se encuentra clavado allí. La corona de espinas que porta sobre su cabeza y le mantiene el cabello recogido, impresiona por el tamaño de sus púas.
     Si seguimos observando la pintura, este Cristo no parece estar muerto, está lleno de luz, su luminosidad contrasta con ese fondo neutro y negro, en ese negro fondo que lo rodea está la muerte representada. La muerte está en el cuadro, pero no en Cristo que va a resucitar. Cristo está solo, no le acompaña nadie, no hay presencia alguna de ángeles u otros personajes, solo el negro velo de la muerte está presente, pero él, con la ayuda del Padre, se sobrepone a ella.
     Esta obra, profundamente religiosa, conmueve al fiel, es difícil abstraerse en su presencia, nos impregna con su espíritu este cuerpo de luz celestial, con el halo luminoso que desprende su cabeza. Es el triunfo de la vida sobre la tiniebla. Velázquez consigue plasmar aquí la imagen de Cristo que todos imaginamos, lo mismo que hizo Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina cuando pintó la imagen del Creador, lleno de sabiduría, fuerte, bondadoso, con largas barbas blancas. Y, desde entonces, esa es la representación antropomórfica de Dios que preferimos.
     A lo largo de toda la Historia del Arte, las representaciones de Jesús crucificado han sido innumerables, muchas de ellas de una bellísima factura y una gran espiritualidad, unas antes y otras después del cuadro que nos ocupa, pero yo, me quedo con el Cristo de Velázquez.
         R.R.C. 

viernes, 6 de enero de 2012

Los Girasoles de Vincent Van Gogh

     
     Es un óleo sobre lienzo de 93X72 cm conservado en Neue Pinakothek de Munich. Los Girasoles de Van Gogh son una serie de obras famosas mundialmente, pintadas hacia 1888. Llevó a cabo cinco cuadros similares, tres con quince girasoles dentro de un jarrón y dos con un total de doce girasoles. Uno de los cuadros decoró la habitación de su amigo Gauguin en la casa que temporalmente compartieron. Todos los lienzos de la serie poseen unas dimensiones similares. En marzo de 1987 obtuvo resonancia mundial la noticia de la compra de un Jarrón con quince girasoles por un magnate japonés en una subasta, pagando 39.921.750 dólares.
     Se levantaba temprano para pintar las flores, porque cuando le daba el sol se marchitan, le encantaba pintar los campos, los cipreses, las flores, el trigo, en fin, se sintió atrapado por la luz  y el color de la naturaleza. El amarillo (símbolo del amor, la luz, la emoción, pasión, calor…) era su color preferido, muy abundante en sus obras, incluso en la fachada de la vivienda donde residía en Arlés en el sur de Francia y de la que saldrían estos lienzos. En Los Girasoles, la gama de amarillos es una de las más complicadas en la historia de la pintura y en la que demuestra su gran maestría en las texturas. Observamos unos girasoles más vigorosos y otros más marchitos, con lo cual, podemos comprobar las distintas etapas de la vida de esta flor. El color está aplicado con pinceladas fuertes, agresivas, se evidencian unas pinceladas más largas que otras, destacando la plasticidad de la pintura, que crea un fino relieve en la tela para dar volumen a los girasoles. En partes del cuadro también podemos observar la técnica de celdillas tipo mosaico, comparada por el propio Van Gogh con las vidrieras de una iglesia. Otra gama cromática de naranjas, ocres, marrones… acompañan al color principal. Estas pinturas muestran una gran simplicidad, son flores de una sola clase y todas ocupan un primer plano.
     Por otra parte, los girasoles reflejan en sus volúmenes bullentes, con formas tensas y culebreantes, el ánimo atormentado del autor. Muchas de sus pinturas las utiliza como vehículo para expresar su angustia y desesperación en las que frecuentemente caía. Pocas veces una obra de arte expresa con tanta rotundidad la psicología del artista. Los girasoles hacen referencia a la divinidad, al Sol y la luz; son luz pura. Hay que tener presente que en la iconografía cristiana simbolizan lo divino. A través de su arte, Van Gogh busca una vía de comunicación con Dios, con el supremo hacedor de la naturaleza. El amarillo de las flores representaban la mistad y la esperanza, mientras que las voluminosas formas, al abrirse, simbolizaban la gratitud.
     Para terminar, siguiendo las afirmaciones de una página web que no determina el autor, y que recogen el blog de Cristina Alejos, para pintar así haría falta: tener un nerviosismo incontrolado; estar obsesionado con expresar lo que se ve y se siente; amar profundamente la naturaleza; y estar absolutamente despreocupado por la opinión que puedan tener los demás. 
           R.R.C. 

jueves, 5 de enero de 2012

Ejemplo de comentario de un climograma

     El climograma es un gráfico que representa las temperaturas medias mensuales (mediante líneas) y las precipitaciones (mediante barras)de una zona a lo largo del año.

     Las precipitaciones presentan un total anual (497,8) escaso (entre 800 y 300 mm) y una distribución irregular a lo largo del año: cinco meses de sequía en verano con precipitaciones inferiores a 30 mm (desde mayo a septiembre), y máximo principal en invierno (enero). Dadas las suaves temperaturas durante esta estación las precipitaciones
caerán principalmente en forma de lluvia. El total y el régimen de precipitaciones, marcado por la sequía estival, es característico del clima mediterráneo.

     La temperatura media anual es alta, (18,2 °C) y la amplitud térmica media (13,9 °C). El verano es caluroso (cuatro meses con temperatura media igual o superior a 22 °C, desde junio a septiembre) y el invierno suave (la temperatura media del mes más frío del invierno no baja de 10 °C). Estas características permiten suponer que este clima tiene una posición próxima a la costa meridional de la Península.

     La relación entre las temperaturas y las precipitaciones muestra que existe aridez en cinco meses, desde mayo a septiembre (se cumple el índice de Gaussen y la curva de las temperaturas se sitúa por encima de la barra de las precipitaciones). Por tanto puede considerarse un clima semiárido.

     De acuerdo con las características analizadas podemos concluir que se trata de un clima mediterráneo costero. El máximo de precipitación en invierno lo sitúa en la costa suratlántica, más afectada en esta época por el paso de las borrascas atlánticas, sobre todo por las formadas en el SO peninsular y en el golfo de Cádiz. La sequía en el verano se debe a la influencia del anticiclón de las Azores, desplazado hacia el norte y a la mayor frecuencia de las advecciones de aire seco del norte de África.

     Este clima lleva asociada una vegetación de bosque perennifolio de encina o alcornoque, maquia y garriga; ríos de caudal escaso e irregular; y suelos del tipo tierra parda meridional y orgánicos en las zonas de marismas.

MANUAL DE GEOGRAFÍA

miércoles, 4 de enero de 2012

MAPA DEL TIEMPO

Os dejo el esquema de cómo hay que comentar un mapa del tiempo y un ejemplo de una predicción.

SOLUCIÓN A UN COMENTARIO DE MAPA DEL TIEMPO
El mapa del tiempo presenta el estado de la atmósfera en superficie. En él podemos distinguir los siguientes centros de acción:
- Centros de acción anticiclónicos: el anticiclón de las Azores, muy desplazado hacia el norte en latitud, dos anticiclones en el Atlántico central, un anticiclón al norte de las Islas Británicas y otro sobre Sicilia.
- Centros de acción depresionarios: la depresión de Islandia, que lleva dos frentes asociados; un frente en el occidente de Francia; otro en la Península escandinava, procedente de una borrasca muy septentrional, y una depresión térmica en el norte de África.
La Península se encuentra bajo el dominio de las altas presiones: el anticiclón de las Azores, muy desplazado hacia el norte (propio del tiempo de verano), ejerce una acción de bloqueo que impide el paso o desvía hacia el norte a los frentes atlánticos, y aporta aire tropical marítimo cálido, húmedo y estable, que produce tiempo estable, cálido y despejado.
En las Islas Canarias, la borrasca del norte de África y la disposición de las isobaras muestra la llegada de aire procedente del Este, sahariano, cálido y seco, que da lugar a altas temperaturas (ola de calor) en las islas más orientales. La llegada de este aire coincide con la existencia en las capas bajas de la atmósfera de un aire más fresco por su continuo contacto con la corriente fría de Canarias, por lo que, al principio, las temperaturas más altas se dan en los puntos con cierta altitud, produciéndose una inversión térmica. Pero si la llegada de estos vientos cálidos dura varios días, la superficie de inversión se adelgaza cada vez más, de tal forma que el aire cálido puede llegar a las zonas más bajas, dando lugar a temperaturas elevadas.
Tomado de Muñoz – Delgado Mª Concepción, Selectividad Geografía LOGSE 1999. ED Anaya, Madrid 2000

Plano urbano

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